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EL CASO DEL “RANGER”

Por: Melvin Mañón.

FOTO DE MELVIN MAÑON1

“El suicidio del ingeniero David Rodriguez en uno de los baños de la OISOE el pasado mes de septiembre, la muerte a tiros del ex síndico Juancito Sport a manos de Luis Féliz en diciembre, la irrupcion en la iglesia de un hombre gritando que el país tiene sed de justicia mientras se celebraba una misa con motivo del día del poder judicial son hechos relacionados entre si, relevantes, sintomáticos y premonitorios”. Este párrafo abreviado del artículo DE UN GRAN MALESTAR A UNA RESPUESTA COLECTIVA fue publicado en ACENTO y numerosos medios digitales semanas antes de que el general ® José del Carmen Ramirez Guerrero (El Ranger) persiguiera y diera muerte a un joven criminal que minutos antes lo había atracado, golpeado, amenazado y despojado de un arma en la galería de su propia casa.

Ahora, muchas personas discuten si estuvo bien matar al delincuente o si la respuesta del Ranger fue desproporcional y mientras tanto, el Ranger, que estaba en su casa tranquilo, sin buscar camorra ni provocar ni molestar a nadie está detenido.

¿Qué está pasando en este país?

Nadie está seguro en ninguna parte y nadie espera que la justicia ni las autoridades hagan nada. El Ingeniero David Rodriguez se suicidó en los baños de la OISOE porque estaba desesperado y no tenía ninguna instancia donde acudir en busca de ayuda. El, de antemano, sabía que no habría juez, fiscal, banco, financiera ni funcionario que quisiera, pudiera o debiera ayudarle a resolver sus problemas que el mismo gobiernO y sus inconductas habían generado. Desesperado, se suicidó.

Luis Féliz mató a Juancito Sport en diciembre y sobre ese hecho, el mismo artículo citado consignaba: “¿Por qué un contratista, empleado, o de cualquier manera alguien vinculado comercialmente a Juancito Sport, como síndico y como empresario, decide tomar la vida de aquel y perder la propia? ¿Alguien es capaz de creer que el señor Luis Féliz contempló una demanda o procedimiento judicial contra Juancito Sport? Si lo hubiera pensado, que lo dudo, todos a su alrededor le hubieran hecho ver la insensatez de semejante proceder. ¿Cómo podía ese señor esperar que ningún tribunal conociera su caso y le hiciera justicia? No importa cuánta razón tuviera o le faltara, ni cuan ambicioso fuera, ni tampoco cuan imprudente, gastador, indolente o desafortunado. Ese señor sabía bien, siempre lo supo, que frente a Juancito Sport, judicialmente, no tenía la más mínima posibilidad”.

Lo que tienen todos estos casos en común escapa a la personalidad del Ranger, a la conducta del criminal que lo asaltó y ciertamente a lo que muchos ahora debaten. El Ranger no puede ser enjuiciado por autoridades que no existen más que en el papel de los cheques que cobran. El Ranger, para su seguridad personal y la de su familia, no puede depender de instituciones que no existen. El que tiene que ser enjuiciado en este caso, repito, no es el Ranger, sino el gobierno que ha rehusado ejercer su responsabilidad y cumplir con su deber. También la llamada sociedad civil y sus líderes tienen que ser enjuiciados porque nuestra sumisión y nuestra tolerancia han abonado el camino a un ejercicio fraudulento y delincuencial del poder.

No se trata de si El Ranger actuó bien o se excedió, es que el Ranger sabía y lo sabemos todos nosotros que su seguridad depende de él mismo y de nadie más. El Ranger sabía y sabe que ningún policía, fiscal o juez iba a defenderlo ni a protegerlo de ese atraco y que ese criminal, si él lo dejaba ir, volvería a las calles a hacer lo mismo en cuestión de días.

Si la sociedad ni el gobierno son capaces de asumir sus obligaciones mínimas tampoco tienen moral ni derecho para enjuiciar a quien, en defensa propia lo hace. Como rehúsan juzgarse a sí mismos algunos hablan ahora de juzgar e imponer medidas de coerción al Ranger cuyo único consuelo en lo inmediato es el enorme y sólido respaldo de la población que lo acompaña en este momento. Pero eso tampoco es suficiente ni era lo que él buscaba. Los alabarderos del señor Medina justificaron la búsqueda de la reelección y la violación de la ley y de la Constitución por el respaldo popular que tenía entonces su gestión de gobierno. Pueden muy bien aplicarle la misma lógica al Ranger.

El gobierno no tardará en advertir de que el Ranger ha puesto un ejemplo que ellos no pueden darse el lujo de ignorar. Tratar de asesinar la reputación del Ranger pintándolo como un gatillo alegre y/o dejarlo en prisión posiblemente sea un esfuerzo contraproducente si lo intentaran. Al gobierno le conviene que el caso se apague, que el Ranger deje de ser noticia, que más nadie quiera seguir ese ejemplo, que más nadie use ese ejemplo para que sirva de ejemplo y que todo siga igual.

El Ranger ha sido y es una propuesta, no intencional, no prevista, no planificada ni organizada de lo que hay que hacer en este país no solamente haca abajo sino y especialmente hacia arriba. Por eso, el poder necesita que se olvide rápido. El pueblo en cambio necesita y debe recordarlo e imitarlo, sobre todo, si en algún momento, el Ranger o a quien le toque una situación similar más adelante, se percatara del potencial político e histórico el acto que ha protagonizado.

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