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¿Por qué América Latina es pobre?

foto-mapa-de-america-latinaDesde que iba creciendo y estudiando la historia universal y de nuestros pueblos de América, siempre me hacia esa interrogante: ¿Por qué somos pobres en América Latina, sí somos un continente rico en recursos naturales? La respuesta a esta interrogante la he ido moldeando a través del estudio sistemático de la historia y de los procesos económicos del continente.

 

El génesis de la pobreza material de América Latina, tiene dos ejes transversales esenciales, uno es económico y el otro político con matices sociales. El eje económico se circunscribe a que la Revolución industrial del siglo XVIII que surge en Inglaterra en 1760, (aunque para el filósofo argentino-mexicano Enrique Dussel esta surgió en China, pero eso será tema de otra ocasión); nunca llegó a América Latina. Por ende, el capitalismo nunca ha sido desarrollado en América Latina, y en su efecto han sido aplicado mutaciones de este que expondremos más adelante.  

 

Con la llegada de la primera etapa de la Revolución industrial en 1760, se inicia la aplicación del capitalismo como sistema económico, reemplazando al feudalismo como sistema económico. Con la desaparición del feudalismo, las sociedades estaban inmersas en el sector primario de la economía, en otras palabras, eran sociedades agrícolas, con el surgimiento de las maquinarias, estas ayudaron a transformar esas materias primas en bienes duraderos. Muchas sociedades meramente agrícolas en Europa, se convirtieron en sociedades agroindustriales, que eventualmente apuntalaron su desarrollo económico que ha sido el sostén de su desarrollo político y social. Tenemos ejemplos tangibles como Dinamarca, que es bien conocida por la producción de lácteos, su desarrollo inicial, nace con la adopción de la agroindustria.

 

Mientras la Europa Occidental y la nórdica hacían una transición liviana de una economía agrícola a una economía industrial, América Latina libraba su proceso descolonización por medio de las luchas independentistas. Una vez alcanzada la anhelada independencia en el continente, los criollos y la pequeña burguesía que se alzaron con el poder, no implementaron un modelo desarrollo nacional, sino más bien se aliaron a las directrices del antiguo colonizador, y ampliaron los remanentes del feudalismo en América Latina, donde una elite controlaba las grandes extensiones de tierra, para explotarla y servir de exportadores de materias primas a ese mundo desarrollado que ya había iniciado la segunda etapa del capitalismo, que es la industrialización.

 

Para 1870, inicia en Europa la segunda etapa de la Revolución industrial, donde se adoptan las líneas de ensamblaje, en esta etapa los países desarrollados de Europa, reciben a un nuevo miembro en el proceso de industrialización, ese nuevo miembro se encuentra al otro lado del Atlántico, se trata de los Estados Unidos de América. Con la flamante entrada de los Estados Unidos en el tablero geopolítico y económico a nivel mundial, apuntaló su desarrollo industrial sobre la dominación política de su zona de influencia que es la región latinoamericana, que se orquestó 50 años antes, con la proclama hecha por el presidente James Monroe en el Congreso de los Estados Unidos, el 2 de diciembre de 1823, cuando dijo “América para los americanos.”

 

Los Estados Unidos con su aparato militar industrial, respaldado ideológicamente por la política de Estado del garrote y con la alianza de una gran parte de la élite criolla latinoamericana entreguista, fortalecieron su desarrollo industrial sobre la base de la explotación indiscriminada de las materias primas de los países latinoamericanos, para apuntalar su industria pesada con la producción de bienes duraderos. Con el desarrollo de la línea de ensamblaje surgen bienes duraderos como los automóviles, radio, televisión, y la economía de escala de estos bienes se desarrolla con más fuerza en los Estados Unidos, por su ubicación geográfica envidiable y por la influencia política que ejerce en la región, donde Europa dejó de dominar.

 

A principios del siglo XX, la Revolución industrial empezó a llegar de manera tímida a América Latina, pero no para asumir la segunda etapa de esta, como lo fueron las líneas de ensamblaje para la producción de bienes duraderos, sino para el procesamiento de materias primas como fue la industria azucarera para algunos países del Caribe como Cuba y la República Dominicana. Esta industria fue controlada por el gran capital transnacional estadounidense no por el capital nacional.

 

Luego de varias intervenciones militares estadounidenses en América Latina en las dos primeras décadas del siglo XX, surgen nuevamente movimientos nacionalistas algunos de corte democráticos y otros autoritarios. Los regímenes autoritarios que surgieron en la región a partir de la década del 30 del siglo XX, contaron con el aval de los Estados Unidos para detener el avance del comunismo, y permitieron ciertas libertades a algunos regímenes a fines con la política del buen vecino del presidente Franklin D. Roosevelt, de no intervenir en los asuntos internos de esos países para evitar su eventual caída. En medio de la aplicación de dicha política surgieron gobiernos de corte nacionalista autoritario, que favorecieron el desarrollo de la industria nacional, como fue el caso de Rafael Leónidas Trujillo Molina en la República Dominicana.

 

Estos regímenes de corte nacionalista autoritario como el de Trujillo, adoptaron un nuevo modelo económico en América Latina denominado Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI), este modelo económico traza la pauta de la llegada de los primeros vestigios de la Revolución industrial a América Latina. Este modelo fue alimentado por el hecho de la escasez de productos y bienes duraderos de las naciones europeas devastadas por la Primera Guerra y luego la Segunda guerra mundial, los países latinoamericanos empezaron a producir sus propios productos y bienes duraderos, dejando de lado la importación de bienes extranjeros.  Este modelo previo un fortalecimiento de la industria nacional y del mercado interno, el Estado daba subsidios a favor de mejorar la capacidad instalada de la industria nacional, impuso aranceles altos a las importaciones y mantuvo los tipos de cambios altos para desincentivar las importaciones.

 

La aplicación de este modelo dio buenos resultados en algunos países como Argentina, Brasil y Chile, que sirvió para tecnificar su sector primario (agrícola), y explorar otras áreas de la producción de bienes duraderos, que aún se mantiene en el día de hoy. Este modelo fue abortado con la caída de esos regímenes nacionalistas autoritarios a finales de la década de los 50 y principios de los 60, por la aplicación de la nueva agenda política de los Estados Unidos para la región conocida como Detente que fue el auspicio de ciertos regímenes “democráticos” con afinidad a los intereses de Washington, para evitar la expansión del comunismo en el inicio de la Guerra Fría con la Unión Soviética. Con la llegada de estos regímenes lacayos, respaldados por la oligarquía nacional entreguista, la industria nacional fue regalada al capital transnacional estadounidense y a sus acólitos nacionales, abortando así el desarrollo de la Revolución industrial en América Latina.

 

Con la desaparición del modelo económico ISI en América Latina a principios de la década de los 60. América Latina sufre la imposición de un modelo de desarrollo económico impuesto por las dos superpotencias hegemónicas del momento, a la sazón los Estados Unidos y la Unión Soviética, que cierta forma abortó el desarrollo económico e industrial de la región. Con la adopción del comunismo y el neoliberalismo, América Latina perdió su propia identidad de desarrollo que había orquestado con el ISI, y quedó a merced de los intereses políticos y económicos de las dos superpotencias que han empobrecido a la región, porque son modelos que no van a acorde con la realidad político, económica y social de la región.

 

El fracaso del Comunismo en América Latina se debió básicamente a que ese sistema económico se aplicó en sociedades que no habían alcanzado el desarrollo pleno del capitalismo, porque no eran sociedades con un desarrollo industrial, como lo es el caso de Cuba. Marx decía en el Manifiesto Comunista, que el comunismo era la última etapa del capitalismo, y que para este llegar a materializarse el capitalismo tenía que haber desarrollado todas sus etapas. Como vemos en el caso de América Latina sus economías a penas se encontraban en el sector primario de la economía, no habían asumido de una manera adecuada las dos primeras etapas de la Revolución industrial como fueron las maquinarias y las líneas de ensamblaje ni mucho menos estaban preparados para asumir la tercera etapa de la Revolución industrial que llegó en la década de los 70 que fue la digitalización.

 

La respuesta ideológica de los Estados Unidos a la Unión Soviética en América Latina fue la introducción del neoliberalismo en la región. Esta mutación perversa del capitalismo vino a desmontar lo poco que había logrado el aparato industrial nacional de la región, en favor del capital transnacional, que vino a imponer un modelo de consumo interno de países ricos a una sociedad que no había superado los dos primeras etapas de la Revolución industrial y no estaba apta para adoptar una economía de servicios en la tercera etapa de la Revolución que es la digitalización, que es basada en el conocimiento y no en la simple transformación de materias primas.  Este modelo perverso no sólo privatizó las industrias nacionales, sino que impuso el capitalismo financiero en los países de la región en detrimento del capitalismo productivo. Hoy la tendencia que rige al sistema capitalista es el sistema financiero global especulativo, donde toda la riqueza que se genera en los sectores productivos va a parar a los mercados financieros. Por eso, solamente los mercados de derivados financieros son diez veces más grandes que la economía real global, con un valor de 600 trillones de dólares y 62 trillones, respectivamente, según el Banco Mundial. La adopción de ese modelo neoliberal en América Latina, aupado por las elites nacionales, satélites de ese capital financiero, han aumentado los niveles de pobreza y desigualdad de la región, con un modelo económico que no corresponde con la realidad político, económica y social de nuestros pueblos.  

 

Con la entrada en crisis del neoliberalismo fruto de la crisis financiera global que afectó al mundo entre 2007 y 2009, debe ser el punto de quiebre para que los pueblos de nuestro América, adopten un modelo de desarrollo propio que no sea impuesto por las potencias, que vaya acorde con la realidad de nuestros pueblos. Es la única vía para alcanzar el desarrollo, y eje de desarrollo debe tener como centro al ser humano, algo que tanto el comunismo y el capitalismo han dejado de lado.

 

Lic. Julio Eduardo Díaz Sosa /

        El autor es Economista y Financista.

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