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AMLO como Presidente de México

Por: Yeudy Maldonado/

El pasado primero de diciembre 2018, Andrés Manuel López Obrador, tomó posesión como el sexagésimo quinto (65) presidente de los Estados Unidos Mexicanos, en un discurso cargado de emociones, reivindicación de la clases vulnerables del país y con la mira centrada en los tópicos de la corrupción e impunidad como pilares de su Administración.

AMLO, como se conoce popularmente y quien resultó ser el candidato más votado en toda la historia de México, delineó las bases de lo que sería su sexenio presidencial, con pequeñas frases y expresiones como: “Puede parecer pretencioso o exagerado, pero hoy no solo inicia un nuevo gobierno, hoy comienza un cambio de régimen político”, en el que deja entrever cuál es su objetivo central y los pasos a dar para lograrlo.

 Fue más que notorio tanto en su campaña, como también ya en sus primeros días en la presidencia del país, que no solo renunciaría y pondría a la venta la flotilla de aviones y helicópteros presidenciales, ya que desde su óptica representan símbolos de ostentación y opulencia que remembran lo que Obrador denomina como el periodo “Neoliberal” de la historia reciente mexicana, sino que también, como acto de reivindicación social, dio formal reapertura mediante Decreto presidencial al caso de los 43 niños desaparecidos de Ayotzinapa, en el que desde su Administración se buscaría llegar al fondo de uno de los hechos más atroces ocurridos en dicha nación.

 Pero desde la práctica, el futuro de México no puede sustentarse solo sobre la base de discursos emocionales y de un populismo de izquierda que se quede en mera retórica. Obrador, debe de entender que es imposible gobernar un país tan grande con simples expresiones de humildad o de negación a los tradicionales símbolos del poder que expresan una disparidad entre la vida que viven la mayoría de sus ciudadanos y la que ostentan sus dirigentes políticos.

Es casi inexplicable entender como una nación productora de petróleo, quien se encuentra en el G20, que reúne las principales economías más ricas del planeta y que tan solo en el año 2017 registró una entrada de casi 40 millones de turistas, representando unos US$166 mil millones de dólares, tenga hoy en día un 43,6% de su población en la pobreza, es decir, 4 de cada 10 mexicanos son pobres, según las propias estimaciones reflejadas por instituciones del Estado mexicano.

Aunado a esto, también se encuentra la grave crisis social y moral que vive dicho país, que tuvo un repunte importante en la pasada Administración de Enrique Peña Nieto, quien se vio plagado por escándalos de corrupción durante todo su periodo presidencial, en el que se vinculaban desde familiares, hasta amigos cercanos.

Pero para el flamante nuevo presidente Andrés Manuel López Obrador, esto tiene una solución práctica que él denomina como la “Cuarta trasformación”, en la que se plantea una reforma estructural completa del aparato económico, político, social y de seguridad, que para muchos resulta ser muy ambiciosa, ya que en ello no se contempla ni los métodos y mucho menos el procedimiento para llevarla a cabo, quedando en un vacío argumental que solo se sustenta sobre la base de la emotividad y no práctica o real de poder concretar el hecho.

 Sin lugar a dudas, a pesar de las críticas que puedan existir ante la instalación en la presidencia de México de un gobernante con una visión política de izquierda, lo cierto es que independientemente de que no se vea un plan elaborado de cómo llevar a cabo las trasformaciones que necesita dicho país, el peso ético y moral que representa la figura de López Obrador con sus discursos, pudieran reflejar un cambio de rumbo importante en la forma de cómo hacer política en México, en el que el servidor público entienda que fue electo y votado para servirle al ciudadano, y no para ostentar lujos.

En todo caso, ya veremos en sus primeros 100 días de Gobierno con sus acciones, si aún es el candidato en plena campaña electoral con meras promesas quedándose estancado en la mera demagogia política o en su defecto, lo veremos como el presidente en funciones, tomando decisiones importantes para el futuro y desarrollo de la nación. En todo caso, el tiempo nos dará la respuesta.

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