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Cremación y disposición de las cenizas de los cadáveres humanos

FOTO DE ROLANDO FERNANDEZ

Para los que han estado escarbando en libros, o monografías esotéricas, a los fines desatisfacción real, y no conformarse con lo que siempre han oído (verdades convencionales), sobre los temas de la sepultura y la cremación de los desechos físicos corporales que dejan los espíritus que desencarnan, cuando deben regresar a su verdadera casa, el mundo espiritual, no es nada nuevo que se vuelva sobre esos, y mucho menos les causa sorpresa la decisión que ahora ha adoptado la Iglesia Católica con relación a esos rituales..

Preciso es señalar que, para esos investigadores, que se reportan imparciales, religiosa o filosóficamente hablando, ambos procedimientos post mortem, tan antiguos como la humanidad misma, denotan tener sus pros y sus contras, cuando son analizados en un contexto espiritual propiamente, dejando de lado los condicionamientos de orden teológico.

La sepultura bajo tierra, bastante común, y a la que en nuestro país, por ejemplo,  tienen que recurrir las personas de muy bajos recursos económicos, por razones obvias, se le considera el verdadero enterramiento, según los entendidos, a partir de concepcionesesotéricas con aceptación amplia, por tratarse del retorno a la Madre Naturaleza del bagazo carnal de los hombres a su mismo origen, la tierra, para reintegración a ésade los elementos químicos constitutivos que  ella les proporcionó para su formación y desarrollo corporal, presenta algunos aspectos no favorables.

Claro, es evidente que, en la mayoría de los casos no es lo que se hace, por costumbres comparoneriles, o esnobistas, sino que los cadáveres son colocados en lujosas tumbas o fosas de cemento, utilizándose féretros costosísimos, en los que la descomposición y desaparición total de los cuerpos inertes dura mucho mayor tiempoen producirse, y desde donde no hay reintegro alguno a la Madre Naturaleza, como dijéramos anteriormente.

Ahora, independientemente de cuál haya sido la forma de enterramiento, en tierra, o depósito en cemento, es obvio que, los humores, efluvios, vapores, o como se les quiera llamar, que expelen los cuerpos en estado de putrefacción no se puede dudar son infecciosos, dañosos, y se riegan por todas esas áreas, convirtiendo los cementerios y zonas aledañas en focos de alta contaminación ambiental, que como es lógico suponer, van en contra de la salud pública en todos esos entornos.

Cabe destacar aquí, antes de proseguir que, respecto de la decisión que adopten los deudos con relación a la disposición de los restos mortales de sus familiares, se debe tener presente que, según aquellos que saben sobre la materia, los espíritus que desencarnan mantienen siempre la atención y apego hacia aquellos que fueran  sus hábitats terrenales últimos; que permanecen en sus alrededores,circundándoles durante los días inmediatamente posteriores al deceso del cuerpo físico.

Que observan todos los actos fúnebres de son objeto, y que determinados procedimientos pueden afectar sus cuerpos sutilescomplementarios, provocándole tristeza, incluso inquietarle suficiente, a pesar del estado de inconsciencia transitoria por el que atraviesan, como son, por ejemplo, todas las heridas que se infieren aloscadáveres, en los casos de tener que hacer estudios forenses (necropsias o autopsias), cuando nola misma cremación(incineración), delos cuerpos. ¡Les impactan de manera negativa!

Naturalmente, la sepultura evita ese tipo de afectación y trastornos, amén de que favorece un mayor acercamiento al cadáver por parte del espíritu que acaba de liberarse de la “cárcel física”, hasta que ese cuerpo comienza a descomponerse, lo que provoca el que su antiguo habitante empiece por alejarse del mismo, para no verle en ese estado nauseabundo, de podredumbre despreciable. Ese proceder desfavorece su rápida salida necesaria del plano físico, al cual ya no pertenece, la que, por supuesto agiliza la cremación, aunque con las consecuencias presenciales primarias señaladas.

Ese ritual último, de acuerdo con los investigadores, como ese proceder casi inmediato al deceso, amén de eso, contribuye con la salubridad pública, tanto a lo interno de los camposantos, como en sus alrededores, tal lo refiriéramos más arriba.

La desaparición ipso facto de la economía física, cuando es cremada, despojada por reportarse inservible para proseguir manifestándose el espíritu en el plano terrenal, hace que esa entidad regrese al sitial que en verdad ya le corresponde estar, el plano espiritual, y que allí pueda empezar el inicio de la concienciación debida sobre su nuevo estado, al dejar el plano de la materia física densa.

Por igual, agiliza el cumplir con el proceso obligatorio allí dispuesto, antes de su nuevo regreso a la Tierra, si es que aún le quedan asuntos pendientes que resolver, sobre el karma maduro principalmente, o cualquier misión divina no completada durante la última corriente de vida cursada.

Como se puede advertir, ambas formas en cuanto a disponer finalmente deloscadáveres, aunque podrían ser consideradas válidas desde el punto de vista bíblico, por aquello de que” polvo eres, y en polvo te convertirás”, tienen aspectos positivos y negativos que se deben ponderar, no solamente conlas influencias teológicas- religiosas prevalecientes, y nada más, sino también con el acopio de los conocimientos de orden esotéricosespirituales que se tengan.

Revisando los libros de la Sagrada Biblia se puede verificar con facilidad,que la sepultura en tierra, no los depósitos en cemento, es la que más asidero tiene en ese tenor. Vemos, por ejemplo, en el Capítulo 3 del libro de Génesis: “Con el sudor de tu rostrocomerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”.

No lo mismo ocurre con la cremación que, aunque es una práctica que se viene llevando a efecto desde tiempos inmemorables se le había siempre considerado con un ritual pagano. Pero, durante las últimas décadas se ha puesto muy de moda debido al despertar espiritual obvio que ha ido teniendo la humanidad en términos espirituales, dejándose atrás muchas falsas creenciasteológicas, y lo cual ha hecho que la Iglesia Católica se incline hoy por aceptarla, aunque sea condicionada.

Según parece consignado en el documento de nombre “Instrucción Ad resurgendum cum Christo”, aprobado el 18 de marzo del 2016, por el papa Francisco, base de la decisión relativa adoptada que nos ocupa, “aunque la Iglesia sigue prefiriendo la sepultura de los cuerpos, se acepta la cremación, pero se prohíbe esparcir las cenizas, dividirlas entre familiares o conservarlas en casa”. (Periódico “HOY”, edición del 26-10-16, página 12B).

Se agrega, además, “Para evitar cualquier malentendido panteísta, naturista o nihilista, no será permitida la dispersión de las cenizas en el aire, en la tierra o en el agua o en cualquier otra forma, o la conversión de las cenizas en recuerdos conmemorativos, en piezas de joyería o en otros artículos”.

También se sustenta la determinación, en razón de que la cremación y la dispersión de las cenizas en la naturaleza se entienden, contrarias a la fe cristiana, algo que podría hacer se le nieguen las exequias a un difunto que en vida hubiera dispuesto y pedido esos actos.

“Las cenizas del difunto, “por regla general”, deben mantenerse en un lugar sagrado, es decir, en el cementerio o, si es el caso, en una iglesia o en un área especialmente dedicada a tal fin por la autoridad eclesiástica competente”. Es una puntualización adicional que se incluye.

Precisamente, lo concerniente a la disposición final de las cenizas puede ser el punto que mayor inquietud provoque en estos tiempos,por los motivos que se exponen, para solo conservarle de la manera señalada anteriormente.

Con todo el respeto que nos merece la alta autoridad eclesiástica, no creemos que se pueda hablar de panteísmo (“Doctrina según la cual todo lo que existe participa de la naturaleza divina”), como tampoco de nihilismo (“Negación de toda creencia”), con relación a lo que se haga en última instancia con las cenizas, en caso de que se procure preservarles en cofres, “criptas” hogareñas, o tirarlas al mar, como a veces se hace.

Las cenizas pueden participar de la naturaleza divina, al entrar en contacto con el aire o el agua, y hasta conservándole individualmente como reliquias de la creación de la especie. Se funden también los residuos mortales de los hombres con la tierra cuando son sepultados en ella. ¿Y entonces?

¿Por qué en realidad tiene que haber diferencias entre lugares, todos terrenos? Y, si de cementerios se trata, la decisión sería peor, ya que esos lugares hace tiempo que dejaron de ser sagrados, para convertirse en comerciales.¡Sí!, y hasta en cuevas deantisociales vivos: ladrones, drogadictos, criminales, etc.

Tampoco creemos que en nada eso pueda quebrantar la fe cristiana que se tenga, aunque se lancen esos residuos de lo carnal cremado a las aguas, el aire, o la tierra, ya que todos forman parte de la misma Madre Naturaleza, la que debe ser siempre la gran receptora, en reciprocidad.

Esa condición de los feligreses – FE -, donde debe estar bien “enclavada” y fortalecida es en Jesús el Cristo, en pos de alcanzar el Cristado, de hacerse Uno con Él, como paso previo de regreso al Padre Supremo. Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”, Juan 14: 6), y no en iglesia alguna, como entidad intermediaria representante.

¡Bueno, material para reflexión, y aguijones motivantes para investigar, los hay aquí suficientes! Fuentes bibliográficas también se tienen demás. Por tanto, no solo debemos quedarnos con el mandato de la Iglesia, católica en este caso, y aceptar todo conforme. ¡Procúrese saber!

Ese es uno de los principales problemas de las iglesias, en especial la de referencia. Se dispone, ¡hágase, pero el flujo de informaciones relativasde carácter espiritual propiamente hacia su gran feligresía es mínimo; no seedifica en realidad sobrelos porqués de sus decisiones. De ahí el que esa institución haya perdido tantos adeptos.

Autor: Rolando Fernández

www.rfcaminemos.wordpress.com

 

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