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Crisis geopolítica en América y el Caribe? La nueva estrategia de defensa nacional de E.E.U.U., frente a la presencia regional de China y Rusia

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Por: Marcos J. Núñez / “Opinando” /

Cuando desde el año 2014, el caso Lava-Jato / Petrobras estalló en Brasil y posteriormente se descubrió el mega-esquema internacional de corrupción político-empresarial de la empresa constructora brasileña Norberto Odebrecht, ha traído como consecuencia la caída de muchos dignatarios y una crisis política en ciernes en varios países de América.

Es así como vemos que en Brasil, las investigaciones y posteriores evidencias descubiertas por las autoridades respecto de los casos antes mencionados, provocó un debilitamiento de la popularidad del Partido de los Trabajadores (P.T.) y una crisis político-constitucional que se llevó de paro la presidencia de Dilma Rousseff.

Al mismo tiempo, fueron desaforados, investigados y posteriormente condenados, decenas de legisladores, funcionarios designados por el ejecutivo e incluso algunos dirigentes de la oposición brasileña, en lo que constituyó una especie de barrida fulminante de la clase política tradicional.

En ese mismo tenor, como algo insólito, un símbolo de las luchas populares y reivindicativas de los trabajadores y campesinos de ese hermano país de habla portuguesa, el líder indiscutible de la izquierda brasileña y uno de los pro-hombres de la política latinoamericana, Luiz Inacio “Lula” Da Silva, ha sido procesado y condenado por alegadas imputaciones en varios delitos de lavado, peculado y corrupción pasiva, situación que ha suscitado una enorme tensión social en el hermano país sudamericano.

Las ramificaciones de los sobornos a políticos y la triangulación financiera aplicadas por Odebrecht a través de numerosas campañas electorales de políticos de mucho prestigio, quiénes en su gran mayoría posteriormente, llegaron a ganar las elecciones de sus respectivos países, contó con una participación en mayor o menor medida del “marqueteiro” (mercadólogo) y publicista de cabecera Joao Santana, avanzada de la multinacional de la construcción para asegurarse retornos y pingues beneficios con la contratación de obras de infraestructura.

Como consecuencia de lo anterior, el Ministerio público independiente, organizaciones no gubernamentales y la prensa no comprometida de la mayoría de los países de Latinoamérica, en conjunto con una preocupación legitima, desde los Departamentos de Estado y de Justicia de los Estados Unidos (el poder hegemónico) ha iniciado una cruzada continental contra la corrupción e impunidad como nunca antes.

Entidades como “Transparencia Internacional”, han servido de soporte a numerosas investigaciones, al mismo tiempo que las implicaciones directas de altos jerarcas del poder en la aceptación de sobornos y desvío de recursos del Estado, ha conducido a la caída de varios presidentes y la apertura de expedientes a ex mandatarios y antiguos funcionarios. Luce que las consecuencias de estos casos internacionales de corrupción se van a prolongar por mucho tiempo y ya ha transformado la visión que desde Washington hay sobre este serio problema, un reto para la gobernabilidad de nuestros países.

La llamada “Nueva Estrategia de Seguridad Nacional” anunciada por la Administración del presidente norteamericano, Donald Trump, es la primera vez desde la administración Reagan y la conclusión de la guerra fría, que un gobierno de los Estados Unidos pone tanto énfasis en sus relaciones exteriores (bilaterales y multilaterales) con los países latinoamericanos.

La “Doctrina Trump” para la defensa estratégica de los intereses norteamericanos (como hemos decidido llamarle) es una reinterpretación y modernización de la vieja “Doctrina Monroe” (América para los americanos), la cual hizo especial hincapié en exigir la no interferencia de las potencias imperiales europeas durante el siglo 19 y gran parte del siglo 20.

Hoy las antiguas potencias europeas, luego de dos guerras mundiales que dejaron al viejo continente al borde de la ruina, han decidido unirse para formar una entidad confederada de nuevo orden, conocida como la Unión Europea.

La nueva entidad política surgida del consenso de más de 28 países europeos, ya no tiene como principal objetivo recuperar su influencia comercial en Asia o colonizar las Américas, sino más bien lograr un fortalecimiento interno para llegar a competir en medio del ascenso de nuevas potencias como China y Rusia.

Es por ello que la Doctrina Trump para la defensa estratégica de los intereses norteamericanos en el mundo, se fundamenta en cuatro pilares fundamentales:

“La confianza estratégica posibilita que Estados Unidos proteja sus intereses nacionales vitales. La Estrategia identifica cuatro intereses nacionales vitales, o “cuatro pilares”, que son los siguientes:

  1. Proteger a nuestra patria, al pueblo estadounidense y al estilo de vida estadounidense;
  2. Promover la prosperidad estadounidense;

III. Preservar la paz mediante la fortaleza;

IIII. Impulsar la influencia estadounidense.”

Estos pilares son aspectos nodales de la consolidación de la nueva visión del gobierno de Trump para el pueblo norteamericano, sin embargo, nos preguntamos, el concepto de protección y defensa de la patria estadounidense y su estilo de vida, contiene algún nuevo concepto que no existía en la Doctrina Monroe?

La respuesta novedosa, está unos párrafos más adelante en el documento base de la nueva doctrina Trump:

“I. PROTEGER LA PATRIA: La responsabilidad fundamental del presidente Trump es proteger al pueblo de los Estados Unidos, la patria y el estilo de vida estadounidenses.

Fortaleceremos el control de nuestras fronteras y reformaremos el sistema inmigratorio para proteger a la patria y restablecer nuestra soberanía. Las mayores amenazas transnacionales que enfrenta nuestra patria son las siguientes:

-Terroristas yihadistas, que apelan a métodos cruentos e inhumanos con fines de cometer homicidio, represión y esclavitud, y redes virtuales para explotar a poblaciones vulnerables e inspirar y dirigir complots.

-Organizaciones transnacionales delictivas, que desintegran a nuestras comunidades con drogas y violencia y debilitan a nuestros aliados y socios corrompiendo a las instituciones democráticas.”

Es evidente, en el apartado correspondiente a “proteger la patria”, relativo a los dos aspectos que se constituyen en amenazas transnacionales a la nación norteamericana, la alusión a “organizaciones transnacionales delictivas” que “debilitan aliados y socios corrompiendo a las instituciones democráticas”, es una mención casi directa de las consecuencias de los escándalos de corrupción y lavado, en especial, es una especie de “callback” a los casos de Lava Jato/Petrobras y Odebrecht a todo lo largo y ancho de América Latina.

Y que significa “proteger la patria norteamericana” en este nuevo contexto? la Doctrina Trump parte de la premisa de que la inmigración masiva y desordenada de latinoamericanos, al territorio norteamericano durante más de seis décadas, ha estado motivada por la gran corrupción administrativa de nuestros países, lo cual ha impedido efectivamente el desarrollo económico, el fortalecimiento político-institucional y la consolidación social de las democracias latinoamericanas, plagando de miseria y pobreza a nuestros habitantes, los cuales se ven compelidos a emigrar al único país de toda América, con los niveles de progreso y bienestar que persiguen nuestros hermanos latinoamericanos.

Por cuanto, conectando a lo explicado en el párrafo anterior, radica el segundo pilar de la nueva estrategia de defensa de los Estados Unidos promovida por la Administración Trump: promover la visión de prosperidad estadounidense en sus relaciones exteriores y también en la recuperación del antiguo poderío nacional, basado en la industria y en el comercio, notablemente debilitados por la salida de capitales e inversiones norteamericanas para radicarse en Asia, aprovechando los tratados de libre comercio y bajos costes de producción, situación que ha sido ampliamente aprovechada por la nueva potencia económica mundial emergente, la República Popular China.

China Comunista es el nuevo rival geopolítico que lucha por imponer su influencia en el mundo a través del comercio y la inversión de trillones de dólares en diferentes partes del globo para aislar, cercar y disminuir (con la colaboración de Rusia) a unos aparentemente alicaídos Estados Unidos de América. Son legítimas las aspiraciones de tener un mundo multipolar pero en los hechos, existe el propósito velado de implantar forzadamente un gobierno mundial con preponderancia hegemónica del gigante asiático en detrimento de los derechos humanos, la soberanía de los Estados nacionales, las democracias plurales y la riqueza del subsuelo de los países, aprovechando donde su influencia (de China) se haga presente por colaboración directa u obligación económica.

A ello se debe que en el documento de la nueva estrategia de defensa al pueblo norteamericano, se le llame “potencias revisionistas” tanto a China como a Rusia. Para muestra un botón:

La Estrategia aborda desafíos y tendencias clave que afectan nuestra posición en el mundo, como por ejemplo:

-Potencias revisionistas, como China y Rusia, que utilizan la tecnología, la propaganda y la coerción para imponer un mundo que representa la antítesis de nuestros intereses y valores;

-Dictadores regionales que propagan el terror, amenazan a sus vecinos y procuran obtener armas de destrucción masiva;

-Terroristas yihadistas que fomentan el odio para instigar la violencia contra personas inocentes en nombre de una ideología maligna, y organizaciones delictivas transnacionales que propagan las drogas y la violencia en nuestras comunidades.

Por tanto, queda claro que el debilitamiento de los Estados nacionales como consecuencia de la corrupción, la impunidad y el empobrecimiento que de ello proviene, estará siendo aprovechado por China y en menor medida por Rusia (país que tiene una economía muy pequeña pero con una industria armamentística de primer orden) para construir la propaganda sutil de venir en “rescate” de las naciones latinoamericanas venidas a menos, para financiar proyectos o necesidades sentidas, aparentemente respetando nuestros valores pero con el objetivo oculto de implantar a través de la coerción gradual, su visión política, ideológica, económica y social del mundo, lo cual es más peligroso para el estilo de vida de los pueblos latinoamericanos, que otras influencias perniciosas -incluso de los propios europeos y norteamericanos- que hemos sufrido a lo largo de toda nuestra historia.

China Comunista, China Continental o como se conoce oficialmente, República Popular China, desde 1978-79 inició una ola de transformaciones de la mano del premier Deng Xiaoping, un comunista moderado que implementó una liberación pragmática y gradual de la economía china al mundo occidental en especial, a las inversiones en las áreas de industria y comercio para impulsar con ello una nueva agenda de desarrollo que hizo mutar el “Comunismo a lo Chino” ideado por el padre fundador de la República China, Mao Zedong, el cual evolucionó a partir de la década de los 80´s del siglo XX en una especie de “Capitalismo de Estado”, con la proclama de la doctrina de una sola China (inferencia al deseo de recuperar Hong Kong de manos inglesas y la isla de Taiwán o Formosa como provincia rebelde) es decir, la coexistencia de dos sistemas contrapuestos, es un híbrido que ha sido exitoso para los chinos pero, con la hegemonía de un partido único (El Partido Comunista Chino no es el único legal pero en los hechos, hay otros partidos que son pantomimas de oposición) es un hecho, que reducidos drásticamente los derechos humanos y los derechos políticos de los chinos, la democracia como modelo de gobierno, no prevalece allí.

Acaso no se ha entendido el alcance de esta amenaza? En China Comunista se ha llegado a tal punto que allí se censuran y restringe desde el uso de las redes sociales, hasta inofensivas películas que al Estado totalitario comunista les resulta políticamente peligrosas para el régimen.

Y luego de asegurar su penetración económica total en occidente, con la suficiente influencia convertida en predominio como toda potencia imperial que vino antes (España, Francia, Portugal y Estados Unidos) vendrá la agravante de que exportarían hacia nosotros, un modelo político ultra-represivo y de excesivo control social que implantarían de manera irreversible. Es a ese tipo de “transformación” que nosotros aspiramos como sociedad y nación?

He ahí el peligro que representa para las instituciones democráticas en República Dominicana, la presencia masiva de la influencia de la China Comunista, sin los debidos contrapesos. Siempre hemos tenido una gran importancia estratégica para la potencia imperial del Norte de América y aunque en el marco de la guerra fría, fuimos un importante campo de batalla ideológica entre la antigua U.R.S.S. y E.E.U.U. -lo que conllevó la instauración de gobiernos represivos-, también fueron los norteamericanos quienes propiciaron en el momento adecuado, la libertad y la democracia de nuestro país como en 1978, cuando la alegada amenaza comunista comenzó a debilitarse, en su deseo de expandirse a sus anchas por el mundo occidental.

Ante la falta de apoyo efectivo, por un cambio de prioridades geopolíticas para los Estados Unidos, China Comunista se pudiera entender como una buena oportunidad de intercambio comercial, cultural y humano para naciones tercermundistas como la nuestra, pero el mega-expansionismo y el crecimiento hiper-acelerado que experimenta esa nación de 1,400 millones de habitantes, ese admirable país de hombres y mujeres solidarios, trabajadores y capaces, de no ser debidamente controlado y manejado, rompería con el equilibrio natural del planeta y podría devastar las grandes reservas de recursos naturales del tercer mundo, en unas cuantas décadas.

Hoy por hoy nuestro país, a causa de las imputaciones penales realizadas a altos jerarcas del Estado, legisladores, dirigentes políticos y personalidades por su participación en el esquema de corrupción transnacional de Odebrecht, no obstante los esfuerzos muy evidentes de debilitar el caso ya judicializado, ha entrado en la curva que conduce hacia una posible crisis política, mientras el gobierno de Danilo Medina pretende entregar de manera subrepticia, una parte de nuestra ya disminuida soberanía, así como, bienes estratégicos del Estado a la China Comunista que hemos descrito, todo a cambio de facilidades crediticias y apoyo financiero no transparentes que comprometerian la seguridad nacional, en una época donde se escuchan hasta amenazas de guerra. Que Dios nos ampare!

 

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