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DEJAR ATRÁS EL PESIMISMO POLÍTICO   

Por JUAN T H.

Algunos ciudadanos, incluyendo a militantes y dirigentes de la oposición, consideran que Danilo Medina, a pesar de todos los problemas que enfrenta, incluyendo la crisis dentro del Partido de la Liberación Dominicana, no perderá las elecciones porque tiene “todo el dinero del mundo” y control de la Junta Central Electoral y del Tribunal Superior Electoral.

“Ya todo está amarrado; esa gente de no se dejará quitar el poder, tienen demasiado dinero y todas las instituciones del Estado”, me dijo, triste y cabizbajo, un viejo dirigente opositor.

No, le dije, no es tan fácil, no basta con los recursos económicos, el uso de las instituciones del Estado incluyendo las Fuerzas Armadas y la Policía; ni siquiera con los medios de comunicación, cuando un pueblo se cansa de un partido y de un gobierno como es el caso del PLD.

Esa idea de que Danilo y el PLD eran indestructibles, que nadie podría derrotarlos porque su fuerza era avasalladora, alimentada a través de la radio, la televisión y la prensa, se ha ido derrumbando. Ya nadie habla del famoso 90% que luego se redujo al 80 hasta caer por debajo del 50 creando pánico entre los reeleccionistas y sus asesores internacionales que no pueden detener la impopularidad cada vez más creciente de Danilo, como una bola de nieve durante una avalancha.

La percepción, que en política es realidad, ha cambiado. Solo hay que salir a la calle, montarse en un vehículo del transporte público, visitar el mercado, el supermercado, un salón de belleza, el colmado o el colmadón, la universidad, un restaurante, el parque de “las luces” que este año ha sido un fracaso, y preguntarle a la gente sobre Danilo. Verá que la mayoría le dirá que está harta del presidente y de su partido, y que votará en su contra.

El pueblo dominicano ha sabido sobreponerse ante la desgracia de ser gobernado por déspotas y tiranos a lo largo de su historia, derrotándolos o asesinándolos, cuando no le ha quedado alternativa.

En 1978, Balaguer, heredero de Trujillo, apoyado como siempre por Juan Bosch y el PLD entre otras fuerzas, fueron derrotados por el PRD bajo el liderazgo de José Francisco Peña Gómez, llevando a la presidencia de la República a don Antonio Guzmán Fernández. Entonces, como ahora, pocos creyeron en la victoria del PRD.

La dictadura constitucionalizada del PLD es frágil, puede ser derrotada siempre y cuando la táctica y la estrategia sean correctas. Todas las condiciones, objetivas y subjetivas, están dadas para sacar del Palacio la plaga morada y desterrarla para siempre. Solo hay que convertir en votos el descontento popular.

Ese es el reto. Es obligatorio evitar la abstención y enfrentar con una línea de masas en todo el país los desafueros del gobierno en su afán por comprar o robarse las elecciones como lo han hecho en otras ocasiones.

La historia nos enseña que todos los dictadores han sido derrotados al igual que todos los gobernantes que han intentado perpetuarse en el poder.

No hay pues, razones para el pesimismo y la incertidumbre; al contrario es el momento de trabajar unidos convencidos de que la victoria está cerca. ¡“Ni un paso atrás ni para coger impulso”, carajo!

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