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Desagravio a Leonel

Por: Namphi Rodríguez / namphirodriguez@gmail.com)

FOTO DE NAMPHI RODRIGUEZ1

Franklin Almeyda Rancier es el más legítimo de los herederos del bochismo histórico como referente ético de la política. Su recia personalidad intelectual se ha templado en una dilatada vida pública que ha sido caracterizada por la coherencia ideológica y la frugalidad material. Suya es la expresión que reza que “después de 30 años vivo en la misma casa y tengo la misma mujer”, como testimonio de su desapego por el dinero y el lujo en los que han zozobrado otros.

Quizá por eso se ha convertido en uno de los referentes más autorizados para analizar la difícil coyuntura interna del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y el futuro de su liderazgo.

Su obra el “El PLD y las fuerzas sociales” es un riguroso estudio historicista de la formación y desarrollo de esa agrupación política en el firmamento dominicano.

Ha sido Franklin quien ha advertido que sólo con la cohabitación de su liderazgo puede el PLD curar las heridas abiertas por la reelección de Danilo Medina y sobrevivir como organización con vocación de poder.

Ahora, el exrector universitario nos vuelve a sorprender con un análisis de sicología y sociología de las masas, en el que explica lo que está pasando en las calles con el frenesí de adhesiones y algarabías que se ha desencadenado con la presencia del expresidente Leonel Fernández en la campaña.

A su juicio, se trata de un desagravio de la sociedad dominicana a la figura del ex mandatario por los vituperios, diatribas y mezquindades a que fue sometido en el pasado reciente.

Nos dice Franklin: “El desagravio es un resarcir o restituirle su respeto a esa figura pública. El que agravia a una persona en el plano personal e individual, puede disculparse o terceros intervenir para proteger al agraviado. Pero cuando se trata de un agravio público a una figura pública, es el pueblo con sus medios y formas que desagravia al ofendido. Cuando esto ocurre se dispara hacia arriba el liderazgo del ofendido”.

La explicación no puede ser más atinada, pues como escribí hace un par de semanas en esta misma columna “la firmeza y la serenidad de juicio con que Leonel Fernández ha sabido soportar las heridas de las flechas y las picaduras de los alfileres de la reelección le han ganado gran credibilidad y confianza en la sociedad”.

Ello porque gran parte de los dominicanos podemos adversar o no al ex gobernante, pero nadie pone en tela de juicio que lo que pasó con Leonel fue absolutamente innecesario. Si hay un rasgo que describe la figura del tres veces presidente de la República es la compasión de su carácter y la decencia proverbial de su trato con acólitos y adversarios.

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