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Donald Trump y su derrota al globalismo: El Libre Comercio

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Por: Julio Diaz /

El globalismo es un conjunto de ideologías políticas que convergen para apuntalar la globalización. Esta corriente de pensamiento adquiere mayor relevancia a finales de la década 80 del siglo XX, debido a la caída del bloque soviético, ideológicamente el mundo quedó sin una ideología que enfrentara al capitalismo en el plano económico y político. Con la caída del muro de Berlín en 1989, el globalismo logra afianzar e imponer una de sus corrientes principales; el globalismo de mercado. El globalismo de mercado con su política económica denominada neoliberalismo dominaron la escena económica mundial por dos décadas, provocando una mutación del capitalismo nunca vista. El neoliberalismo auspició la destrucción de los aparatos industriales nacionales para apuntalar la interconectividad económica a través del libre comercio.

Los grandes capitales internacionales que mueven los hilos del globalismo de mercado tras bastidores han impuesto el libre comercio como la política económica idónea para acabar con la miseria, y las instituciones globales que son satélites del globalismo validan esa tesis que no han hecho más que acentuar los niveles de desigualdad imperantes en la sociedad. Sin embargo, en la teoría económica existe un modelo económico que avala esa tesis contraria al globalismo de mercado, ese modelo es el Heckscher-Ohlin.

Este modelo económico conocido como H-O, fue desarrollado en la escuela económica sueca durante la década de los 30, dicho modelo augura una implosión de la clase media. Estos economistas suecos argumentaban que una economía basada en el crecimiento económico y el comercio internacional, las riquezas no son distribuidas de forma equitativa. Por tal razón, aquellos individuos que dependen de aquellas industrias vinculadas al sector exportador se benefician a expensas de aquellos que enfrentan la competencia extranjera, es por ello que aumenta la cadena de miseria y desigualdad que vive el mundo.

El economista Branko Milanovic en su libro Desigualdad Global: un nuevo enfoque para la era de la globalización, describe a mayor profundidad la desigualdad económica generada por el libre comercio sobre la base del modelo H-O. Entre 1988 y 2008, el único grupo que no vio aumentar sus ingresos fueron aquellos que se encuentran en el 80% de los ingresos. Este grupo son aquellos que pertenecen a la clase media en el mundo desarrollado.

El modelo económico H-O parte de la premisa de que el crecimiento económico no es equitativo cuando este parte del intercambio comercial. Es por ello, que vemos que los ricos se hacen más ricos y los pobres no tan ricos. Esta tesis es basada en la marginalidad del producto del trabajo. Imaginémonos por un segundo, que en el mundo existen dos países, Estados Unidos y Rusia. En el caso de los Estados Unidos sólo hay dos industrias, y cada una de esas industrias posee trabajadores calificados y no calificados, respectivamente. Los trabajadores calificados producen bienes de alto valor agregado mientras que los no calificados producen bienes de bajo valor agregado. Sí los Estados Unidos proporcionalmente posee más trabajadores calificados que Rusia, y que ambas naciones poseen gustos similares entre sus habitantes en términos de consumo de bienes duraderos. Dicho esto, es un claro indicativo que los países con mayor desarrollo en su capital humano tienen ventaja en la producción de bienes de alto valor agregado sobre los países que no poseen esa condición ventajosa.

Dado ese escenario, con la ausencia del libre comercio, los Estados Unidos producirían más bienes de alto valor agregado que Rusia, por el simple hecho de poseer una mano de obra más calificada. Sin el libre comercio, los Estados Unidos producirían más bienes de alto valor agregado como mencionamos anteriormente y los consumidores estadounidenses pagarían un precio relativamente menor por esos bienes que sus pares de Rusia. Y por otra parte, los salarios de la mano de obra calificada estadounidense sería más barata que en Rusia en términos relativos.

Con la entrada en escena del libre comercio, los bienes de bajo valor agregado en términos relativos se vuelven más accesible en los Estados Unidos. Sin embargo, aquellos trabajadores que laboran en esas industrias de poca tecnología, sus salarios tienden a ser más bajos, a pesar de que los precios de bienes y servicios en la economía sufran caídas, sus salarios se mantendrán bajos porque existe menor demanda por sus servicios laborales.

En los últimos años ha surgido mucha evidencia que demuestra que el libre comercio incide de manera directa en la desigualdad económica. En un ensayo publicado en diciembre de 2013 por el economista Arne Bigsten titulado Globalización y desigualdad inter-ocupacional: Evidencia empírica de los países de la OECD. Este ensayo encontró evidencias claras de que mayor apertura hacia el libre comercio incrementa la desigualdad salarial entre las personas estratos sociales más bajos entre los países miembros de la OECD, mientras que aquellos individuos de estratos más altos, esto no tuvo ningún efecto significativo en su nivel de ingreso.

Sin duda alguna, el modelo económico H-O mantiene una gran vigencia sobre la realidad económica de nuestra era, ya que la inflación ha estado prácticamente ausente del mundo desarrollado, por el crecimiento y la eficiencia del libre comercio. Como consecuencia esto ha permitido que la mayoría de los bienes y servicios que consumen los estadounidenses sean relativamente baratos pero al mismo tiempo este fenómeno del globalismo de mercado cubierto por el manto de la globalización ha causado un incremento de la desigualdad económica a niveles alarmantes.

Es por ello, que ese incremento de la desigualdad económica basado en un modelo de desarrollo que impone una agenda acorde a los intereses de una élite, que sólo ellos pueden adquirir las mejores habilidades en detrimento de la mayoría con el objetivo de promover la productividad a costa de la destrucción del aparato industrial ha causado esta ola de descontento en el mundo desarrollado, que se ha traducido en el surgimiento de un liderazgo que busca de una vez por todas, destruir al globalismo económico, ese líder es Donald Trump. Trump basó su campaña electoral en atender las demandas sociales de esos olvidados por la globalización y con sus medidas proteccionistas está tratando de devolverle un poco de lo mucho que han perdido con la globalización y esa mutación perversa del capitalismo que es el neoliberalismo. Sólo en el 2017 los Estados Unidos creó 195,000 empleos en el sector manufacturero, un rubro que venía perdiendo empleos de forma sistemática por poco más de una década. Con la implementación de los aranceles al aluminio y al acero, inmediatamente una fábrica de acero anunció su reapertura con la creación de 500 empleos bien renumerados.

Con estas medidas proteccionistas el presidente estadounidense Donald Trump está derrotando al globalismo y su política económica nefasta el neoliberalismo para de una vez y por todas iniciar un camino sostenido de prosperidad económica para el pueblo estadounidense, que es un fortalecimiento de su aparato industrial, que es en esencia el pilar de la economía real que genera la verdadera riqueza de una nación. El neoliberalismo y el globalismo tienen los días contados con la presencia de Donald Trump en la Casa Blanca.

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