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Emmanuel Macrón, el presidente francés con el “brillo opaco”

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Por: Yeudy Maldonado B./

El 2018 se ha convertido en un año difícil para el presidente EMMANUEL MACRON y para toda Francia en general. Convulsiones sociales y protestas de sectores vitales como educación, salud y transporte, así como también de una gran parte de la población que ha visto impactada su economía con diferentes cargas impositivas, siendo una de las últimas y más espinosas, el impuesto a los combustibles que ha desatado lo que se conoce como las protestas de los “chalecos amarillos” y que ha puesto en jaque a la actual Administración por la magnitud de las mismas, obligando al Gobierno a dar marcha atrás en la aplicación de dicho gravamen.

                Políticamente MACRON sufrió la dimisión de NICOLAS HULOT y GÉRARD COLLOMB, piezas clavé de su Gobierno y de sus políticas, lo que ha generado un cierto nivel de desconfianza de la sociedad sobre su capacidad de gobernar. Frente a todo esto, la pregunta que llega a la mente es ¿qué ha pasado con Emmanuel Macron?, un candidato que llegó hace poco más de un año a la presidencia de su país mediante promesas de generar una ruptura en el “establishment” político francés, con la introducción de reformas en el área laboral, educación y económica, que le granjearon socialmente una fuerza y apoyo abrumador, y que hoy por hoy no se ve reflejado por sus altos niveles de impopularidad.

                La clave de toda este aprieto se encuentra en la incapacidad de su Gobierno de hacer frente a una crisis económica que ya se venía arrastrando desde la presidencia de su antecesor FRANÇOIS HOLLANDE, en el que la tasa de desempleo superó el 10%, generando dificultades para la población más joven donde uno de cada cuatro no consigue trabajo, agregándosele a esto, el gasto social exorbitante sobre la base de una economía que lleva varios años de manera consecutiva creciendo pírricamente, generando que el Gobierno tenga mucho menos dinero para gastar y hacer frente a los problemas que realmente apremian al francés.

                La respuesta del gabinete fue la aplicación de impuestos y la adopción de medidas altamente impopulares, como la reforma al Impuesto sobre la Fortuna (ISF) y la eliminación del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI), beneficiando con esto a las clases más pudientes de Francia, que le sumó el apodo de ser el “presidente de los ricos”, colocándolo en una desconexión total con el pueblo y sus aspiraciones.

                Pero no todo es negativo, es loable reconocer el hecho que a pesar de que muchas de sus políticas y medidas sean impopulares, lo cierto es que sin reformas profundas que desmonten el aparato de beneficios y el modelo social francés, para la eficiencia en función del gasto público, el futuro de Francia cada vez se visualiza más opaco. Esto ha encontrado eco en los partidos adversos, de izquierda y derecha, quienes en muchos casos y dependiente la orientación política, tildan a MACRON de tener problemas con los pobres y no tener la capacidad de presentar propuestas que permitan la protección del trabajador ante los embates de una apertura económica impulsada por su Gobierno, que lo coloca según muchos como un “extremista liberal”.

                Esto le ha costado que en la encuesta realizada por el instituto IFOP para el periódico “Le Journal du Dimanche”, la ultraderechista MARINE LE PEN le aventajara con dos puntos en caso de que se celebrasen elecciones actualmente, permitiendo observar con hechos sociales (protestas) y mediciones sociales (encuestas), el tamaño de la crisis que enfrenta el jefe de Estado.

                El reto que tiene EMMANUEL MACRON por delante es enorme, debe de tratar de volver la mirada hacia Francia y dejar a un lado sus pretensiones de proyectarse como la última barrera de contención ante la llegada al poder en varios países de Europa del  nacionalismo de derecha, con una visión euroescéptica y que pretende con ello destruir un modelo comunitario que desde su óptica solo ha beneficiado algunos países.

                De no reconocer sus errores a la hora de gobernar, de la mala práctica en términos de aplicación de políticas y, el no entender que este es un descontento general que proviene desde el mismo centro de las clases trabajadoras media y baja, que han visto como poco a poco se eleva el costo de la vida sin que se haga nada al respecto, esta crisis terminará saliéndose de control y demostrara que su visión política de centro, así como su proyecto de Gobierno son un fracaso más y un ejemplo de la profunda convulsión política que vive Europa.

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