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Es el “Nacional-Humanismo” la nueva corriente de pensamiento que cambiará el mundo?

Por: Marcos José Núñez / “Opinando” /

Desde la asunción del presidente Donald J. Trump al poder en los Estados Unidos, han venido sucediéndose una serie de acontecimientos de manera atropellada, consecutiva y casi desordenada, que apuntan a una gran sacudida institucional en todos los órdenes desde la gran nación del norte y hacia el resto de nuestro mundo.

Muchos de los que dudaron de la posibilidad de Donald Trump llegar al poder, quedaron estupefactos con su victoria y luego se han sentido heridos, estropeados, humillados, martillados, avergonzados y hasta irritados por los reiterados enfrentamientos, desplantes, exposiciones y removidas que el mandatario estadounidense ha promovido desde su insólita y explosiva agenda política.

La condición de empresario y exitoso hombre de negocios de Trump, lo hace una persona pensante pero pragmática y muy alejado del típico político con matices “intelectualoides” que aparenta tener un saber enciclopédico y rico acervo ideológico, sin más punto de comparación que sus adversarios de igual categoría, en otras organizaciones políticas o en otras latitudes.

Para que entendamos, una ideología es un conjunto de ideas o doctrinas de naturaleza filosófica que sirve para categorizar dichas ideas originarias y sistematizar lo preeminente, expresando lo que se considera una verdad determinada.

En cambio, un pensamiento representa indudablemente la capacidad de pensar de forma individual y libre de cada ser humano, sobre la base de una reflexión mental que puede cuestionar las características y propiedades de personas o cosas.

La ideología dogmatiza la verdad, restringiendo el pensamiento a existir circunscrito a una clasificación filosófica.

Sin embargo, el pensamiento por naturaleza es crítico, es creativo por definición, dinámico y de allí provienen todas las ideas, haciendo de la verdad algo mucho más personal, menos restringido y soberanamente libre.

Por tanto, la ideología necesita del pensamiento para “existir”, pero el pensamiento, al ser la operación intelectiva y cognoscitiva que antecede a las ideas, no las necesita para existir. Se trata de entes que son opuestos complementarios.

Una vez aclarado lo anterior, podemos colegir que Donald Trump no tiene una ideología política definida, pero si es un hombre con un verdadero pensamiento político, unido a una acción y una praxis que lo han hecho convertirse en un ganador, desde sus inicios.

Y en un mundo en donde la ideas de “avanzada” como la socialdemocracia europea, la democracia cristiana, el socialismo democrático latinoamericano, el socialismo del siglo XXI, la tercera vía laborista y el neoliberalismo comienzan a decaer, es indudable creer que el planteamiento del escritor norteamericano de ascendencia japonesa, Francis Fukujama -y su libro acerca del fin de la historia, con motivo de la caída del muro del Berlín y la desintegración del bloque soviético- tiene ahora más vigencia que nunca, a la vista de los grandes cambios políticos a partir del 2016.

Trump, visto como el anti-político por muchos, tiene un pensamiento crítico de un sistema que ya no funciona y una acción que busca denunciar y transformar lo que no está bien. Donald Joseph Trump ha iniciado un proceso de “destrucción creativa” de aquello que no sirve, para transformarlo en algo nuevo y más útil para un bien mayor, además de que está restaurando en muchos aspectos valores originarios y positivos que se habían perdido, pero en el contexto del mundo de hoy.

Todo lo anterior, hace en principio muy difícil de entender, al hombre fuerte de los Estados Unidos, pues unido a todo esto, posee un discurso cáustico, agresivo y desafiante por momentos, lo cual lo sitúa como una persona aparentemente conflictiva; sin embargo, todas las medidas que ha tomado en estos once meses en el cargo (escribo esto un sábado 9 de diciembre del 2017) han sido no sólo para cumplir promesas de campaña, sino para acercarse a la materia prima de su nuevo “negocio”: LA GENTE.

Habiéndose presentado como pre-candidato por el Partido Republicano de los Estados Unidos, organización política que por sus características históricas de promover el liberalismo económico (los bajos impuestos) es la que más se acerca a su forma de pensar, lo cierto es que Trump, es un líder político INDEPENDIENTE que sigue una corriente de pensamiento diferente y muy propia en muchos aspectos a la generalidad del partido que lo ha postulado.

El Partido Republicano de Thomas Jefferson y posteriormente de Abraham Lincoln, fue inspirado por las ideas esbozadas en el libro “La paz perpetua” del filósofo alemán Inmanuel Kant, el cual plantea la necesidad del surgimiento de la “República Democrática” como expresión del pensamiento liberal en oposición al absolutismo monárquico conservativo reinante en la Europa de mediados del siglo 18. Ante un sistema feudal y decadente que ya no funcionaba, Kant fue del grupo de pensadores de “La Ilustración” que sirvió de base a los postulados de la revolución francesa, punto de quiebre de un modelo, que ya pasó a la historia desde el 14 de julio del 1789.

Pero no huelga decir que Trump ha sido desde sus orígenes, un socio-liberal de Nueva York convertido en un militante republicano (actualmente un partido mal llamado “conservador”) con una visión ligeramente diferente al status quo bi-partidista existente en este momento, en la gran nación norteamericana. Trump no sigue lineamientos establecidos, ni aplica un dogma determinado para la resolución de un diferendo o para sostener un debate de ideas sobre temas pre-elaborados.

Trump es para el sistema de complicidades existentes, un peligroso revolucionario de lo que podría decirse “la derecha”, aunque esto no necesariamente implica que el siga una ideología política determinada.

Mientras todas las grandes revoluciones del mundo, desde 1789 hasta el día de hoy, han sido encabezadas por intelectuales burgueses liberales, políticos izquierdistas y activistas socialistas -en la mayoría de los casos con un gran baño de sangre de por medio- Donald Trump pese a tener a su propio partido, el Partido Demócrata opositor y la mayoría de los poderes ESTABLECIDOS en su contra, ha creado un nuevo paradigma de ruptura revolucionaria y PACIFICA, la cual busca poner a LOS OLVIDADOS como el centro mismo de las políticas públicas que desde su administración, se están aplicando.

El slogan de Trump, “Make America Great Again” o “Hacer que Norteamérica sea grande otra vez”, es indudablemente un grito de guerra a un establishment que se ha olvidado del norteamericano promedio (mean street citizen), de piel blanca, de clase media, extracción rural y ha preferido invertir en guerras inútiles, en proteger en demasía a las minorías y en concentrarse en “expulsar y castigar” la industria norteamericana y con ello, obligar a exportar su riqueza a otras partes del mundo, fruto del abusivo sistema impositivo que ahoga la iniciativa privada e impide la creación de puestos de trabajo para LA GENTE.

Trump propugna por un Gobierno Eficiente, un gobierno NACIONAL fuerte con una economía robusta; y es que él posee un pensamiento fundamentado en que, si la economía va por buen camino, la prosperidad llegará a la puerta de cada norteamericano sin importar color, sexo, procedencia o condición social, no teniendo que esperarse necesariamente una intervención directa del gobierno para ello.

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Lo mismo pasa con los Presidentes Vladimir Putin en Rusia, quien aboga por un “conservatismo a lo ruso” y al lado de ellos, el gobierno “comunista con un sistema capitalista” (comunismo y capitalismo son sistemas opuestos) del Presidente Xi Jinping en China e increíblemente en su momento nuestro país, el presidente Hipólito Mejía en 2000 era el social-cristiano gobernando desde un partido socialista-democrático aplicando ciertas políticas económicas neoliberales. Cada uno de ellos ha gobernado pensando en EL PUEBLO más que en ideologías políticas impuestas o necesidades primarias del establishment. Para esos líderes, EL SER HUMANO habitante de las NACIONES donde gobiernan, es mucho más importante que seguir los dictados de un sistema económico o los postulados filosóficos y dogmatizados por las ideologías en un sistema político.

En consecuencia, este pensamiento pragmático y muy controversial no tiene una verdad central sino podría considerarse como un “collage” de experiencias y contingencias aplicadas según las necesidades de cada nación y funcionando de acuerdo al grado de desarrollo social, cultural, económico, político e institucional que éstas mismas naciones hayan alcanzado.

Es por ello que el NACIONAL-HUMANISMO es el nuevo pensamiento político que opuesto a la mal llamada “globalización”, aboga por la evolución del individuo, desde la regeneración de las naciones y propicia el surgimiento de una nueva sociedad que devendría innegablemente en el surgimiento de un nuevo orden social en el mundo, un nuevo orden de unidad desde la pluralidad y la solidaridad, desde las diferencias y las similitudes, desde la llegada de lo nuevo…y lo mejor pero también para el rescate de lo original…de lo bueno!

El nacional-humanismo puede parecer de derecha en los Estados Unidos pero asemejarse a las ideas de López Obrador en México o la “Revolución Ciudadana” de Correa en Ecuador; puede ser el centro político con Macron en Francia o parecerse al centrismo de CIUDADANOS en España; y es que las recetas ideológicas estrictas no han sacado a Grecia de la crisis económica, sino un gobierno “socialista de izquierda” controlado por el primer ministro Alexis Tsipras aplicando políticas económicas parecidas al liberalismo, las cuales han llevado gran mejoría al país que ha sido la cuna de la civilización occidental.

El nacional-humanismo es un pensamiento eminentemente republicano, nacionalista, pluralista, democrático, progresista, moderno y completamente revolucionario, cuyos referentes no están delimitados por ideologías, sino amplificados por el deseo de gobernar en todo el mundo con la gente, por la gente y para la gente.

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