La Opinión

¿Es necesaria la Unidad para llegar al gobierno desde la Izquierda? III

Proceso pre-electoral y una nota sobre la unidad

Por: Felipe Lora Longo/

Para los dominicanos, el tema “La Unidad de la Izquierda”  se ha convertido en costumbre  y es ya considerado parte del ritual electorero  dominicano.

 

Las voces, reclamando la unidad de la izquierda y de los progresistas,  se pueden escuchar, en tiempo de elecciones, por todo lo largo y ancho del territorio dominicano. Muchas de estas voces lo hacen creyendo que la unidad de la izquierda es imprescindible para salvar al país del destructivo y empobrecedor sistema capitalista, y de sus representantes locales que controlan la economía, el poder político, el poder judicial y los aparatos represivos del Estado Dominicano.  En otras palabras, sí y sólo si la izquierda se une, podrá ganar las elecciones.

 

Esta peligrosa y generalizada interpretación del proceso histórico dominicano y la lógica derivada de esa simplista interpretación pone en riesgo la llegada al poder del movimiento pues, erróneamente, coloca en los hombros de la “unidad” todo el peso del largo, complicado y peligroso proceso que es, en una cuasi colonia,  llegar  al gobierno desde la izquierda.

 

Pero esta temporada ha sido diferente. Las voces demandando unidad no cesaron al concluir las elecciones. Por el contrario, al igual que las demandas ambientales y sociales, estas continuaron y se incrementaron a tal punto que,  el pasado 12 junio  del 2022, el pueblo veía como decenas de revolucionarios independientes, y más de 15 organizaciones de izquierda y progresistas se sentaban, en un encuentro histórico, para analizar la situación nacional e internacional, la situación de la Izquierda Dominicana y la posibilidad de formar un Referente Unitario de la Izquierda Dominicana.

 

Hoy, bajo la Coordinación Nacional, elegida en uno de sus encuentros, se  aliñan las asperezas, sobresalen las coincidencias y el esfuerzo unitario se consolida. Como era de esperase, el tema electoral, impulsado por varias organizaciones, ha tomado posición central en la mesa de las conversaciones unitarias.

 

Por lo anterior deseo aclarar que, aunque lo ideal sería lograr la unidad absoluta de todas las organizaciones e independientes que participan en este esfuerzo, el Referente Unitario resultante de estas conversaciones deberá estar consciente de que, en la realidad, la unidad no será la que lleve a la izquierda al gobierno.

 

¿Por qué es muy importante aclarar este punto? Porque, como expliqué en párrafos anteriores,  dentro de los miembros del movimiento revolucionario dominicano, organizados o independientes, se ha generalizado, en forma conveniente,   la creencia de que el éxito del movimiento depende de la Unidad de la Izquierda. Nada más falso, engañoso y peligroso.

 

Digo en forma conveniente pues, bajo esta premisa, nos limpiamos de toda culpa por el colosal fracaso al que hemos llevado, por falta de iniciativa y de visión y por nuestra obsesión de reciclar estrategias con sus obsoletas tácticas, al movimiento de izquierda.

 

La situación actual de la izquierda es el resultado, además del agresivo y sanguinario del enemigo, de  las decisiones y acciones tomadas en las últimas tres o cuatro décadas por los líderes del movimiento. Estos resultados demuestran, con claridad,  que no hemos cumplido con la responsabilidad que nos dejaron nuestros mártires y nuestros héroes.

 

Bajo nuestra tutoría, la influencia de la izquierda en el movimiento obrero y el campesino ha llegado a su punto mínimo, y en igual proporción, se ha reducido su relevancia en el seno del pueblo.

 

La izquierda no ha evolucionado, no se ha desarrollado, no ha crecido en número ni en capacidad  de convocatoria y, como es natural, tampoco ha aumentado su poder de influencia en la vida pública nacional. En la actualidad, me atrevo a  indicar que la membresía de las organizaciones de Izquierda está en su punto más bajo desde los 80s. Sólo hemos crecido en el número de siglas.

 

En estas condiciones, el gobierno y el poder no se ganan con unidad. Se ganan con organización, trabajando con ahínco, adaptando los planes a los tiempos modernos, usando estrategias y tácticas actualizadas, asignándoles tareas con objetivos claros y factibles a todos los miembros del Partido, descentralizando la decisión de acción, cumpliendo con las líneas de tiempo asignadas,  apoyando a los responsables de ejecutar las tareas, evaluando las acciones y sus resultados y, reconociendo y promoviendo a los miembros que hacen más de lo esperado.

 

Sin este nivel de organización, sin esa capacidad de trabajo, sin esos objetivos claros, sin esas líneas de tiempo y sin ese entusiasmo, se pueden unir todas las organizaciones de izquierda y progresistas, todas las de centro izquierda y las de centro derecha que se encuentran fuera de los partidos tradicionales y, el día después de las elecciones, al contar los votos, el resultado volverá a mostrar que el ganador fue la abstención y que la Izquierda y sus aliados no llegaron ni a un total 100,000 votos.

 

Sí, la unidad puede agilizar el proceso acortando el tiempo necesario para ganar la presidencia pero, sólo si los que se unen cambian sus estrategias y sus obsoletas tácticas, sólo si se sustituye el modo de hacer política con uno que le abra las puertas a la modernidad del presente, como las mencionadas arriba.

 

Por suerte, dentro de las decenas de independientes y del liderazgo revolucionario que hoy tiene la oportunidad y la responsabilidad, ante el pueblo, de promover la Unidad de la Izquierda, hay voces que  están conscientes de que la unidad, por sí sola, no es suficiente y están listos para, además de un Referente Unitario, proponer un cambio, casi radical,   en la forma de hacer política desde la izquierda.  Si se logran estas dos necesidades, una garantizadora del éxito y la otra aceleradora del proceso, el camino hacia un triunfo electoral podría despejarse.

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