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La oposición venezolana no ha aprendido la lección

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Por: Julio Díaz Sosa /

Decía el filósofo alemán y figura importante del idealismo Friedrich Hegel, de que la historia siempre se repite dos veces, y más tarde el también filósofo alemán Karl Marx, le agrego lo siguiente: “La historia se repite dos veces: la primera como tragedia y la segunda como una gran farsa.” Dado el contexto geopolítico actual en la región latinoamericana, era menester que la oposición venezolana agrupada en la alianza opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), hiciera un análisis material de la historia política contemporánea de la región; donde se suscitaron eventos políticos muy similares a lo que está viviendo la República Bolivariana de Venezuela en estos momentos.

 

A continuación, nos vamos a abocar a realizar un paralelismo histórico entre la situación actual que se vive en Venezuela, con la vivida en Nicaragua durante la década de los 80 bajo el régimen sandinista, y en la República Dominicana de la década de los 70 bajo el régimen autocrático de Joaquín Balaguer Ricardo. Primero, vamos a enfocar el análisis realizando el paralelismo histórico entre la situación actual de Venezuela y la de la República Dominicana de la década de los 70. En aquella ocasión la República Dominicana vivía momentos de una álgida represión política, donde el oficialismo tenía control de todos los poderes públicos y los utilizaba para reprimir la voluntad popular y a la oposición. El principal Partido de oposición en el país, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), vivía un proceso de disputas internas fruto de la transformación ideológica que venía sufriendo su máximo líder histórico el Profesor Juan Bosch. Para 1970 el profesor Bosch ya había dado un giro hacia el Marxismo que chocaba con el discurso de la pequeña burguesía aglutinada en el PRD, que vio en José Francisco Peña Gómez, a la sazón Secretario General de la organización, la alternativa política al Profesor Bosch. Bosch propuso la famosa tesis de “Dictadura con respaldo popular” dentro del Partido Revolucionario Dominicano, la cual estipulaba que la manera más idónea de alcanzar el poder era a través de una sublevación respaldada por el pueblo y no a través de la vía democrática, ya que el Profesor Bosch consideraba a las elecciones un matadero. Por tal razón, para las elecciones de 1970 el PRD se abstuvo de participar en los comicios pautados para el 16 de mayo de 1970, lo que legitimó y afianzó la permanencia en el poder más allá de 1970.

 

Para los comicios de 1974, la represión política, los crímenes de Estado y el encarcelamiento de líderes opositores continuaban aumentando de forma exponencial. En esta ocasión, el Dr. José Francisco Peña Gómez tenía el control político del Partido Revolucionario Dominicano(PRD) bajo un esquema político más pragmático, decidieron formar una alianza política que aglutinó a una amalgama de partidos políticos opositores que provenían de diferentes espectros ideológicos; ese acuerdo político se denominó el Acuerdo de Santiago. Allí estuvieron incluidos partidos marxistas como el Movimiento Popular Dominicano (MPD), y de la extrema derecha como el Partido Quisqueyano Demócrata Cristiano (PQDC) del General Elías Wessin y Wessin, que apoyó a las tropas invasoras estadounidenses en la Revolución de abril de 1965. En esa gran alianza opositora no presentaron candidatos que amenazaran los intereses estadounidenses en el contexto geopolítico de ese momento; la Guerra fría. El candidato presidencial era el hacendado vegano Antonio Guzmán Fernández, y a la vicepresidencia el ex General Elías Wessin y Wessin. Faltando pocos días para el proceso electoral de 1974, la alianza opositora se retiró por la represión política que vivía el país y por la falta de garantías electorales. Para poder legitimarse en el poder el Dr. Balaguer buscó a un candidato títere, al ex General Homero Lajara Burgos para que participase en los comicios y así validar su mandato. Debido a esta acción, una vez el Dr. Balaguer salió victorioso y logró su objetivo de permanecer en el poder por 4 años más hasta 1978.

 

Los opositores habían logrado formar una alianza política estratégica para derrotar en las urnas al Dr. Balaguer, pero no contaban con el respaldo irrestricto de la comunidad internacional. Es por ello, que el Dr. José Francisco Peña Gómez realiza un periplo a Washington, DC e inicia un proceso de denuncia de los atropellos producidos durante el régimen del Dr. Balaguer, y a su vez logró conjugar una alianza estratégica con los liberales de Washington, que eran un grupo de legisladores y lobistas afiliados al Partido Demócrata que abogaban por una democratización de la región latinoamericana y de respeto a los derechos humanos. Para los comicios de 1978, la historia fue diametralmente distinta con una oposición consolidada a nivel interno y con el respaldo de la comunidad internacional, participan en un proceso electoral sin garantías y lograron vencer por la vía electoral al Dr. Balaguer con un candidato moderado como el Sr. Antonio Guzmán Fernández. Cuando el régimen del Dr. Balaguer trató de torcer la voluntad política, los gobiernos del mundo reconocieron la victoria de Don Antonio, incluyendo al Gobierno de Venezuela presidido por Carlos Andrés Pérez y el de los Estados Unidos presidido por Jimmy Carter. El 16 de agosto de 1978, Don Antonio Guzmán asume la primera magistratura del Estado, siendo así la primera vez que en la Republica Dominicana un presidente democráticamente elegido le entrega el mando a su sucesor electo por la misma vía.  

 

En el caso de Nicaragua, este es muy similar al de Venezuela en la actualidad, ya que en el poder se encuentra un régimen de corte socialista como ocurrió en Nicaragua en la década de los 80. Con el triunfo de la Revolución sandinista en julio de 1979, que produjo el derrocamiento del dictador Anastasio Somoza, por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), puso fin a una dinastía familiar que gobernaba el país con manos de hierro desde 1936. Luego del triunfo de la Revolución, se formó la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional de la cual formaron parte figuras destacadas de la sociedad civil nicaragüense tales como Violeta Barrios de Chamorro, el empresario Luis Alfonso Robelo Callejas, entre otros. Cuando el régimen Sandinista se fue radicalizando y moviéndose más hacia la órbita soviética, esos miembros moderados de la Junta renunciaron. Lo que sin duda permitió la consolidación en el poder de los Sandinistas.

 

      

Para las elecciones presidenciales nicaragüenses de 1984, Daniel Ortega se había consolidado en el poder fruto de la fracturación en la oposición política del régimen Sandinista, ya que contaba con el control de la prensa, la fuerza pública, el poder judicial y electoral. A pesar de ello, Ortega aceptó realizar algunas concesiones de un sector moderado de la oposición que no se sumaron al sabotaje en contra del país de los Contras. Ortega firmó un pacto con algunos partidos políticos opositores para realizar una reforma electoral para hacer los procesos electorales más diáfanos y transparentes. En estas elecciones de 1984, participaron siete partidos políticos opositores de diferentes corrientes ideológicas, que, a pesar de obtener un resultado adverso, ya que Ortega ganó con más del 60% esos comicios; de que en Nicaragua era posible un cambio político por la vía democrática y no por la violencia y la guerra económica de los Contras. Ortega también salió beneficiado en el plano internacional, ya que le envió un mensaje al mundo de que las elecciones no eran como decía la administración de Reagan de que eran a estilo soviético, ya que fueron democráticas y transparentes.

 

Esas reformas logradas por el sector moderado de la oposición nicaragüense, le sirvió de preámbulo para concretizar una fuerte alianza opositora de 14 partidos que iniciaron conversaciones en 1987, lo que más tarde se convirtió en la Unión Nacional Opositora (UNO), que aglutinó a partidos de diferentes corrientes ideológicas desde conservadores hasta comunistas. Las caras visibles de esa oposición nicaragüense lograron suscitar apoyo en el plano internacional, lo que llevo a la intervención del presidente costarricense Óscar Arias a iniciar los diálogos de paz, y logro que se realizaran elecciones presidenciales para 1990. Con el apoyo de la comunidad internacional y la fortificación de la oposición política, las probabilidades de triunfo eran mayores que en 1984. El talón de Aquiles era conseguir una figura moderada en el espectro opositor que lograse concertar una transición política con los Sandinistas. Enrique Bolaños fue uno de los grandes aspirantes a encabezar la alianza opositora, pero fue descartado por ser una figura muy antagónica al Gobierno sandinista.  Es por ello, que la alianza opositora UNO, eligió a Violeta Barrios de Chamorro para encabezar dicha alianza, ya que era una opositora más moderada y fue parte de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional creada por los Sandinistas después del triunfo de la Revolución. Chamorro le garantizó espacios de poder a los Sandinistas de esto perder las elecciones y les aseguró que no habría retaliación política. Es por ello, que, para las elecciones de febrero de 1990 con el triunfo de Chamorro, Daniel Ortega y los sandinistas entregaron el poder de forma pacífica.

 

Esta cronología de estos procesos políticos, similares al caso venezolano debe servirle de ejemplo a la oposición política de ese país para poder jugar bien las cartas, sí realmente quieren derrotar al presidente de Nicolas Maduro. Primero, deben abocarse a un diálogo serio con el Gobierno, sin dejarse perturbar por los radicales dentro de la alianza opositora que han boicoteado las acciones de dialogo con el régimen desde las protestas de 2014, porque hay sectores dentro de esa alianza que quieren desestabilizar al país a través de la violencia. Por la ambivalencia política de algunos líderes de la oposición que un día aceptan el diálogo y otro no, y van y participan como conejillos de indias, y sus máximos líderes boicotean esas acciones con poderes fácticos foráneos. Es ahí la razón, por la cual el Gobierno venezolano ha ganado tiempo y espacio implementando su agenda política, y han logrado consolidarse internamente a través de elecciones como las de gobernadores, municipales, la de la Asamblea Nacional Constituyente y recientemente tratan de hacer lo mismo en las presidenciales de mayo próximo.  El error táctico de la oposición política venezolana ha sido no participar de manera seria en los diálogos con el Gobierno, para de esta forma lograr reformas tangibles que los beneficie políticamente de cara a los procesos electorales futuros; tampoco debieron inhibirse de participar en los procesos electorales que han ocurrido en el país, ya que de esta forma pierden espacio de poder y lo anulan en el escenario político nacional.

 

La única oposición con fuerza al Gobierno de Maduro se encuentra en el plano internacional, que son los 14 países que conforman el Grupo de Rio y el Gobierno estadounidense. Debido a que la MUD se encuentra en desbandada, sin estrategias ni espacios políticos. La última alternativa con cuenta la MUD, es de recomponer sus fuerzas internas y llevar un candidato moderado que enfrente al Gobierno en las elecciones de mayo próximo, ese candidato debe ser una figura moderada que le garantice espacios de poder a los chavistas y cierto grado de impunidad, para poder llevar a cabo una transición pacífica en Venezuela. A nuestro entender, ese candidato debe ser el ex chavista y gobernador del estado Lara, Henri Falcón. Para Maduro y los chavistas más radicales sería mucho fácil entregarle el poder a Falcón que a Henri Ramos Allup, para citar un ejemplo.

 

La oposición venezolana debe mirarse en el espejo de la República Dominicana de los años 70 y en la Nicaragua de los 80, para que hagan una mirada retrospectiva de la historia que la lucha por el poder no ha sido fácil, que esta requiere de grandes sacrificios y desventajas para poder alcanzar ese propósito. De no participar en estas elecciones presidenciales de mayo, estarían decretando y legitimando de forma inminente la consolidación definitiva del chavismo en el poder, a pesar del rechazo de la comunidad internacional. Es hora de fraguar la lucha por el poder con pragmatismo, antes de que sea demasiado tarde.    

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