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La salida del acuerdo nuclear con Irán: Una jugada maestra de Donald Trump 

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Por: Julio Diaz Sosa/

Con la salida de los Estados Unidos del acuerdo nuclear con Irán, y otras naciones entre las cuales se encuentran: Alemania, China, Francia, Rusia y Gran Bretaña. El mundo quedó estupefacto con este hecho ocurrido el pasado 8 de mayo de 2018, muchos analistas en la agenda geopolítica consideran que fue una jugada errática por parte del presidente de los Estados Unidos Donald Trump. Sin embargo, sí medimos dicha acción en los términos de los intereses geopolíticos y nacionales de los Estados Unidos fue una medida acertada por parte del mandatario estadounidense.

En plano internacional, la administración Trump busca posicionar o de cierta forma reafirmar el liderazgo de los Estados Unidos en el Medio Oriente, y de paso fortalece las relaciones con su más cercano aliado en la región que es Israel. Israel desde un principio no estuvo de acuerdo con la firma de este Acuerdo, porque de cierta forma ponía en riesgo sus intereses en la región y su propia seguridad. Por otra parte, con la salida de este Acuerdo, los Estados Unidos cerca aún mas el avance estratégico de sus dos principales rivales geopolíticos; Rusia y China. Y en el plano local, el presidente Trump cumple con una promesa más de campaña, lo que ayuda a motorizar a su base electoral de cara a las elecciones legislativas de noviembre próximo y para su eventual repostulación en el 2020. Y continúa con su esquema de desmembramiento del legado de su predecesor Barack Obama.

En otro tenor, con este rompimiento del Acuerdo nuclear con Irán, los Estados Unidos fortalece las relaciones con su principal aliado en el mundo árabe, Arabia Saudita. Arabia Saudita e Irán se disputan el control y la hegemonía del mundo árabe, sin dudas este es un espaldarazo que beneficia las pretensiones del Reino de Arabia Saudita. Es por ello, que países del Norte de África como Marruecos han decidido romper relaciones con Irán, alineándose a los intereses saudíes y estadounidenses, de que un aliado de Washington tenga el control del mundo árabe desde el Norte de África hasta Asia Central. Y en otro orden, con la ruptura de este acuerdo los Estados Unidos coloca un cerco geopolítico del campo de acción de las dos potencias regionales que son pivotes estratégicos de Rusia y China, que son Turquía e Irán, ya que ambas potencias, son actores determinantes en los dos conflictos regionales actualmente activos: La guerra en Siria y el conflicto entre Arabia Saudita y Yemen.

Es menester destacar, que el final este Acuerdo de forma unilateral por parte de los Estados Unidos puede minar de forma considerable la seguridad regional, y en especial la de los principales aliados de los Estados Unidos en la región como son Israel y Arabia Saudita. Con la entrada en vigencia de este Acuerdo en el 2015, Irán eliminó 13 reactores nucleares de enriquecimiento de uranio, lo cual limitó su capacidad de crear una bomba nuclear y lanzarla hacia un país vecino. Vale la pena destacar, que en Irán aún funcionan 6 reactores nucleares que podrían ser usados con ese propósito dada la decisión de los Estados Unidos de salirse del Acuerdo. Y el régimen teocrático de esa nación podría seguir auspiciando con mayor intensidad el apoyo a los grupos terroristas que actúan como apéndice de este régimen en la región como es el caso de Hezbolá en el Líbano y Hamas en Palestina.

Aunque Irán es un país signatario de los Acuerdos de no proliferación nuclear y de no proliferación de armas químicas, eso no es una garantía confiable de que esta nación va a cumplir con los compromisos que emanan de esos Acuerdos. En el plano financiero, los Estados Unidos tiene el control de lo que puede pasar con este Acuerdo nuclear, ya que es el país que controla el sistema capitalista, y el 63% de los activos financieros del mundo son tranzados en dólares estadounidenses. Es por ello, que las nuevas sanciones económicas a Irán tendrán efectos devastadores en los países que las violen y servirán como mecanismo de disuasión por parte de los Estados Unidos para lograr sus objetivos geopolíticos regionales y globales, que son reducir la expansión política y económica de sus archienemigos geopolíticos; Rusia y China.

Cuando el efecto multiplicador de esas nuevas sanciones económicas que ha de imponer los Estados Unidos sobre Irán surtan sus efectos, esto obligará a ese régimen teocrático a negociar un nuevo Acuerdo que vaya acorde con la posición hegemónica de los Estados Unidos y del Presidente Trump, y que a la vez disminuye el radio de expansión de la influencia iraní en Medio Oriente, en beneficio de los aliados naturales estadounidenses en la región como es el caso de Israel y Arabia Saudita. Esto representa una jugada maestra de la administración Trump, que pone de relieve que mediante la postura de liderazgo hegemónico de los Estados Unidos, sus rivales geopolíticos retroceden en su campo de acción haciendo del mundo un lugar más seguro, muy por el contrario a la política de golpe blando de su antecesor que hizo que a los Estados Unidos se le perdiera el respeto en la arena internacional.

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