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Leonel Fernández, Danilo Medina y las cajitas navideñas

FOTO DE ORBIS BELTRE

Por Orbis Beltré.

Hasta que nuestros líderes no se laven la necesidad de culto a su persona, estos circos los estaremos viendo cada vez con más frecuencia.

Nuestros líderes saben que la gente no resuelve sus problemas de hambre con dádivas, sino con políticas que posibiliten al Ministerio de Agricultura todo lo requerido para  que haya más y mejores cosechas, y que a su vez lleguen los diversos productos al mercado, con precios accesibles en relación al sueldo mínimo establecido.

¿Se justifica que el sueldo mínimo mayor en nuestro país sea de RD$12,872, cuando la mayoría de las empresas, año tras año reportan cientos y hasta miles de millones de pesos de ganancia, entre ellas las compañías de seguridad privada (compañías de “guachimanes”? No, no se justifica. Y nuestros líderes lo saben, pero no hacen nada, debido a que necesitan que haya miseria, que la gente viva ahogada en desgracia. Así se dejan ver como “salvadores” cuando van a nuestros barrios a repartir funditas con arroz, pica pica, habichuela negra, harina y romo inclusive.

Quería vomitar mis vísceras cada vez que veía a aquella Primera Dama que ahora es Vicepresidenta de la República, haciendo sus campañitas de prevención del cáncer de mama, en vez procurar que el presupuesto del Ministerio de Salud contemplara capacitar un personal médico en el área de Diagnóstico de Imagen, y equipar todos los hospitales del país con mamógrafos y sonógrafos suficientes, como para que las mujeres más pobres de nuestra sociedad, accedan a hacerse esos estudios con las mismas facilidades con que hervirían un té en sus casas. Pero no, así no. Aquella Primera Dama quería dejarse ver como la mesías; y para eso, la marginalidad social es el factor imprescindible.

Leonel Fernández siempre supo que si se educaba a la gente, la sociedad progresaría en todos los sentidos de bienestar; por eso fue el autor de la ley 66-97 que ordena para Educación el 4% del PIB.

Pero ¡asómbrate! Leonel Fernández, no obstante haber sido el autor de dicha ley en 1997, fue quien exactamente la violó en cada uno de sus tres gobiernos.

¿Ironía? ¡No! Más bien Leonel Fernández, al deducir que no sobreviviría a un pueblo educado, un político tan pervertido como él, se dio cuenta de que había cometido un error. De ahí que se “olvidara” de su ley 66-97.
¿Y qué decir de Hipólito Mejía respecto a la ley de Educación 66-97? Tampoco fue “pendejo” y dedujo lo mismo que su predecesor. Por eso a este “guapo de Gurabo” no le causó ningún problema el haber dicho, en un intento por justificar los altísimos niveles de corrupción de su gobierno 2000-2004, que “8 de cada 10 dominicanos son ladrones”.

Es increíble que después de haber dicho mentira tan indignante contra el pueblo dominicano, Hipólito Mejía casi ganara las elecciones presidenciales del año 2012.

Ah, pero nuestro Congreso Nacional, sin que ninguno de sus miembros  sufriera las consecuencias expresadas en el artículo 23 de la Constitución dominicana, aprobó -“sin leerlo”- el más perjudicial contrato que pueda haber contra cualquier sociedad sobre este planeta.

Dicho en palabras del señor  Presidente come tiburón podrido, el contrato Barrick Gold/2009 contemplaba que de cada 100 dólares producto de nuestra mina de oro, el Estado dominicano solo recibiría 3 dólares, mientras que la empresa extranjera 97 dólares.

Pero asómbrate otra vez! Ese Congreso Nacional ni siquiera se disculpó, y  la sociedad dominicana continúa manteniendo a esos mismos legisladores pagándole sueldos súper de lujo y concediéndole los más inimaginables privilegios.

Y ahora, no vaya a ser que te de una precundía, asómbrate una vez más! Leonel Fernández, el autor intelectual de la mafia Congreso Nacional-Barrick Gold/2009, continúa siendo el presidente del partido de Gobierno, y de no haber sido por el “Quirinazo”, lo más probable es que hoy se estaría candidateando a la Presidencia de la República.

¿Por qué todo esto? Cualquiera diría que el pueblo dominicano es masoquista, estúpido, tarado y quién sabe cuántas malas cosas más. Pero no, así no es. Lo que somos es un pueblo que se nos ha impedido una buena educación y por consiguiente, ejercemos una conciencia ciudadana tan retorcida, que no hemos aprendido el amor más bello de todos los amores: el amor a nuestra Patria.

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