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Ley de partidos

FOTO DE JESUS M. GUERRERO

Huelga decir lo hastiados que estamos los dominicanos de que cada proceso electoral sea la antesala para una reforma fiscal, producto del gasto excesivo en proselitismo.

Es una de las principales razones por la cual ha surgido la necesidad de una ley de partidos políticos, para fiscalizar el desempeño y operaciones internas de estas organizaciones y una ley electoral que establezca reglas de juego claras para regular nuestro deficiente ejercicio político.

Podemos fijarnos en el ejemplo de México, que en el 2007 al percatarse del colapso de su sistema de partidos políticos, que podríamos decir que dedujeron algo tarde, porque frente a sus narices se impuso  la dictadura perfecta del PRI, la cual, finalizo abruptamente con el asesinato del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio.

Esta nación hermana entro en una degradación social siendo azotada por flagelos como el narcotráfico y otros males, que están de más mencionar, ya que son conocidos por todos.

Durante los comicios del 2006 la situación política fue insostenible para los mexicanos y se vieron obligados a reformar su legislación electoral, bastante parecida a nuestra situación luego de finalizadas las elecciones.

Uno de sus primeros puntos fue la reducción del presupuesto asignado para proselitismo de los partidos. Para entender claramente lo establecido por la reforma mexicana, debemos ver las elecciones a diputados federales del 2009, antes de la modificación los partidos habrían recibido 2 mil 670 millones de pesos mexicanos para campaña, sin embargo, con la reforma solo recibieron 800 millones, una reducción equivalente a un 70%.

Este nuevo modelo electoral mexicano también dejo claro que los partidos deberán invertir en la formación de sus militantes, en los aspectos doctrinarios, estratégicos y políticos.

Pero mejor aun, reglamentaron los tiempos de publicidad en televisión y radio, estableciendo el acceso a todos los candidatos a 163 horas diarias en TV y 534 horas en la radio. Lo que es una garantía de igualdad entre los candidatos para proyectar su imagen y más importante aún, sus propuestas.

Prohibieron en sus ordenamientos que ninguna otra persona, ni entidad pública o privada, a título propio o por cuenta de terceros pudiera contratar propaganda en los medios de comunicación para influir en las preferencias electorales.

Un punto que debería ser imitado por nuestro país, es un principio básico de la reforma electoral mexicana, la disminución del tiempo para las campañas electorales. Lo cual fue reducido basado en los diferentes cargos electivos por los cuales compiten en los comicios. En el caso de las presidenciales de 180 días fueron disminuidas a 90 días.

Prohibieron tajantemente las campañas sucias, como establece su artículo 4, literal C:”En la propaganda política o electoral que difundan los partidos deberán abstenerse de expresiones que denigren a las instituciones y a los propios partidos, o que calumnien a las personas”.

Por igual, instauraron la obligación que durante la duración del torneo electoral se detendrá toda difusión de las campañas gubernamentales, cosa que en la República Dominicana debería aplicarse inmediatamente.

Estos son simplemente algunos de los puntos que deberían ser emulados por nuestro país, la ley de partidos, tiene varios objetivos primordiales y uno de estos es que garantice la democracia interna. O sea las convenciones para determinar los candidatos a cargos electivos, darle un golpe de gracia a la mal llamada “dedocracia”.

La ley de partidos debe establecer controles para dilucidar completamente quienes son los candidatos a senadores, alcaldes y diputados, de donde provienen, de donde han obtenido sus patrimonios y sobre todo si tienen capacidad para ejercer los cargos a los cuales aspiran.

Más importante aún, esclarecer como obtienen sus fondos de campaña, estamos obligados a adecentar nuestro quehacer político.

Un factor importante que debemos exigir en la ley de partidos, es la regulación de las precampañas o campañas internas, para la postulación a los diferentes cargos electivos. Para evitar los casos de que concluido el proceso electoral al día siguiente, no tengamos que ver nuevos personajes lanzados al ruedo sin siquiera haber transcurrido 48 horas de celebradas las elecciones.

Estos son simplemente algunos de los puntos que debemos tocar, sin embargo, nuestro problema radica no en la falta de leyes, sino en el cumplimiento de las mismas.

Es tiempo de reglamentar nuestro quehacer político, porque demandamos un escenario político que conecte con la sociedad que aspiramos ser.

Por Jesús M. Guerrero.

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