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Milo, Balaguer, y el helicóptero!

FOTO DE ELIAS BRACHE

Por: Elias Brache Hijo.

En una ocasión, nos encontrábamos esperando que el presidente Hipólito Mejía llegara de unos de sus viajes al exterior en la base de la fuerza aérea en San Isidro, seria por allá por el año 2001.

Estábamos sentados, el canciller Hugo Tolentino Dipp, mi nunca olvidado embajador y amigo, Francisco José Nadal Rincón, otros funcionarios, oficiales militares y don Milo Jiménez.

Había un retraso en el vuelo y comenzaron las anécdotas.

Alguien dijo: “Don Milo, hágase el cuento de cuando se cayeron en el helicóptero con Balaguer”.

Don Milo dejó escapar una sonrisa un tanto socarrona, y arrancó:

Resulta que asistíamos a una inauguración en Puerto Plata a la que habíamos ido en helicóptero.

Terminó el acto y nos disponíamos a regresar a la capital, pero el piloto advirtió que había mal tiempo y que no lo recomendaba, por lo que nos preparamos para volver por tierra.

Ya cuando íbamos a partir, nos informaron que el tiempo había mejorado y que nos iríamos por aire.

Volvimos a donde estaban las aeronaves y emprendimos vuelo. Luego de unos 20 minutos de vuelo se puso el cielo negreciiiito.

El piloto dijo: “hay un claro por ahí, por ahí nos iremos”, y todos nos miramos, miramos a Balaguer y este estaba igualito (todos nos reímos), ni una sola expresión de preocupación, nada, la misma cara. Milo se ríe de nuevo y dice: “y nosotros cagándonos ya”. Todos los que estábamos escuchando la anécdota nos reímos nueva vez, sospechando por donde iba el cuento.

Milo sigue:

Al rato comienza el helicóptero, sube y baja y de un lao pa otro, en fin, la cuestión es que antes de que pudiéramos reaccionar nos habíamos estrellado con la ladera de una montaña, dimos varias vueltas y cuando finalmente pasa todo, comienzan las voces: “presidenteee,  ¿está bien?, excelenciaaaa, ¿está vivooo?”.

En medio de esa oscuridad (ya era de noche y  bajo un aguacerazo), se oye la vocecita de Balaguer: “estoy aquiiiii”, y alguien dice: “¡ta vivo! ¡ta vivo!”.

Un poco más abajo de donde paró el helicóptero, estaba Balaguer. Yo, continúa Milo, me quito una chaqueta que tenía y se la pongo para cubrirlo.

Chequeamos, y fulano, no recuerdo el nombre, tenía un brazo roto y alguien más estaba “agolpeao”, yo estaba bien y Balaguer callaíto.

De repente, dice Balaguer con su vocecita: “queee vainaa eta”, e inmediatamente todos pensamos, “¡está herido, ta sangrando, o algo así!”.

¿Qué pasa presidente?  Le pregunto, y me dice: “con todo este aguacero me va a dar una gripe”.

En el salón de la fuerza aérea, todos nos reímos a carcajadas.

Milo, terminó la anécdota diciendo que bajaron caminando a la carretera (venían bordeando la autopista Duarte), y ahí detuvieron un carro que les dio una bola.

Todos, según Milo, estaban aún asustados con lo sucedido, mientras Balaguer hablaba plácidamente con el chofer, tranquilo, igualito, como si no hubiera pasado nada.

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