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¡Muertes de tantas mujeres! ¿Por qué?

FOTO DE ROLANDO FERNANDEZ

La verdad es que, resulta más que preocupante el alto número de los llamados feminicidios que se han producido en nuestro país durante los últimos meses, con el agravante conexo de que los homicidas por lo regular se matan ellos también.

Eso, cuando no es que incluyen a los vástagos procreados adicionalmente en los deleznables actos de sangre. De no ser así, los infantes quedan totalmente desamparados; sino, a expensas de cualquier familiar que los quiera recoger, y que luego los crían como sea. ¡A pasar trabajos!, como a convertirse en potenciales delincuentes.

¿Qué lo que está pasando con las mujeres? ¿Cuáles son las causales reales de esa situación tan deprimente? Raro es el día en que la prensa local  no trae alguna reseña sobre uno o dos crímenes más de esa naturaleza.

Por ejemplo: “Hombre asesina a  su amante y se suicida” (periódico “Diario Libre”, del 15-6-16, página 8). “Matan 5 mujeres en últimos 10 días en Santiago y PP” (periódico “El Nacional”, del 15-6-16, página 9). ¡Muestras contundentes!

El motivo mayor no es que las autoridades nacionales competentes, dígase el Estado, del que todo cuanto ocurre en el país se le quiere hacer responsable; al que no poco se le deja de endilgar, como es lo que tantos alegan, incluyendo algunas de las féminas afectadas, que en medio de sus desgracias dicen: “La justicia no nos ofrece la protección requerida”.

Pero ocurre que, cuando algunas de esas se deciden y van a querellarse, por acosos, amenazas,  maltratos físicos y verbales, etc., ellas mismas proceden después a retirarla; o, se hacen anuentes de nuevo a los “cortejos” amorosos de los hombres inculpados. ¡Luego se exculpan!, y se lo quieren cargar todo a las autoridades.

Es obvio que, detrás de esa problemática hay muchas razones que subyacen. De ahí que resulte tan difícil la solución del problema. Ahora, dentro de esas, puede haber asuntos de drogas, fuertes estados depresivos, y hasta cuestiones del satanismo en boga. En fin, un sinnúmero de motivos detectables.

En relación con eso último, cabe destacar que, nada más no es asunto de machismo, y que algunos hombres creen que las mujeres son de su pertenencia, al exigirles reencuentros luego de una separación marital, como lo señalara recientemente el señor procurador general de la República: “porque todavía existen hombres machistas que creen que las mujeres son de su propiedad y que si surge una separación (ellas) no pueden ser de otros”. ¡Eso no es tan sencillo señor Domínguez Brito! (Ver: “Listín Diario”, edición del 26-6-16, página 2ª).

Pero, hay dos que están muy a la vista -en los que poco se repara-, y que de forma innegable tienen incidencia capital en dichos estados de comportamientos despreciables masculinos, que son por un lado, los aprestos de competitividad total de determinadas mujeres con respecto a los hombres, que hasta osan enfrentar físicamente a los varones, e intentan medir fuerzas, en actitudes caracterizadas por: el yo soy igual que tú; el yo tengo los mismos derechos que tú; y, ¡puedo como tú!, en el marco siempre de un liberalismo feminista mal fundado.

Por el otro lado se destaca, y asociado con ese ánimo competitivo,  la no observancia del sentido de responsabilidad que les concierne a las féminas en relación con el  cónyuge de que se trate, como de los hijos procreados, con base también en la concepción del moderno y equivocado pensamiento antes señalado: ¡no hay diferencias entre nosotros, hombres y mujeres!

Evidentemente, son situaciones incomodas que comienzan a aflorar, e ir llevando hasta el enfado masculino, por supuesto, cuando los ingredientes físicos llamativos de la mujer, que un sinnúmero de damas cree es solo lo que vale, comienzan a desaparecer, o cansar, y no se tiene con qué sustituir esos, como tampoco aligerar los instintos animales del sexo convencional relativo.

Un reflejo muy significativo de eso que se expresa es: “Estoy contigo por lástima, ya no me gustas”, (véase: periódico “El Nacional”, pág. 22 antes citado), lo cual pone en evidencia que ya no hay atractivo físico que jale; pero que, tampoco lo sustitutivo está presente, entendiéndose como lo más importante en ese tenor, la abnegación debida, y  la fase emocional complementaria que resulta obligatoria dentro de toda relación matrimonial.

Es posible que también tuviera su origen en ese vacío aparente lo que dice una supuesta víctima: “Cuando me peleaba me decía que no era suficiente para él”, probablemente no refiriéndose a  lo sexual de forma directa.

Para que ese asunto de los femenicidios se les pueda ir encontrando vías de solución, aun no sea con la rapidez que se requiere, todo tiene que partir de las razones básicas por las que se producen: a) Degeneración familiar alarmante, entre ésas. Se impone la regeneración urgente entre nosotros, y demás conglomerados-especie humana, de las unidades básicas en que se sustenta toda sociedad, las tribus biológicas-sanguíneas conformadas.

En ese orden, es lógico que, se deberán  recuperar en la medida de lo posible aquellos patrones de crianza que antes se observaban, y que los modernismos dañosos han tratado de marginar, precisamente en favor de la degeneración inducida por el sistema hegemónico regente, con un propósito ultra innegable – el desplome de la sociedad para facilidad de narigoneo -, que se verifica en esos núcleos consanguíneos; y,  b) propugnar de nuevo por expansión de la conciencia espiritual necesaria dentro de ese marco, como responsabilidad inherente a los padres también.

A partir de lo expuesto, hay que entender entonces que, el grueso de la misión enmendatoria a emprender en el sentido de lo que se trata, tiene que estar a cargo de los progenitores por un lado, como de los guías trascendentes espirituales, las iglesias en sentido general por el otro, en un accionar que bien podría asociase con el sentido que se le otorga al sacramento cristiano del bautismo.

En ese orden, valdría la pena transcribir aquí parte de lo expuesto sobre el particular por la doctora Caroline Myss, en su obra “La Anatomía del Espíritu”: “el mismo sacramento cristiano del bautismo, implica compromisos atinentes tanto a los padres como a los hijos. Por un lado, “la familia acepta la responsabilidad física y espiritual de un hijo que ha traído al  mundo”.

Es obvio que, también el concurso de las autoridades judiciales competentes, en términos precautorios oportunos, como de las puniciones severas que procedan aplicarse, tiene que dejarse sentir en los acusados envueltos, y actores a los cuales se les compruebe real culpabilidad con respecto a los actos de esa naturaleza.

Ahora, eso de colocar localizadores electrónicos o brazaletes a imputados con medidas cautelares, tal lo dispone la Ley No. 10-15, a la que se ha hecho referencia, en el articulo 226, párrafo 5, según lo dijera el señor Servio Tulio Castaño Guzmán, Ejecutivo Finjus, en busca de aporte a la solución del gran problema,  no surtiría mucho efecto, a menos que se creen las estructuras de seguimiento y control pertinentes. ¡Y eso aquí, va a ser muy  difícil! De seguro se quedará todo en la colocación de los “localizadores electrónicos”, y nada más. (Ver: medio “Listín Diario” antes citado).

¡Triángulo requerido, en el accionar corrector necesario: familia, iglesias y autoridades judiciales! Ninguno puede estar ausente. De lo contrario, todo se quedará en el bla, bla, bla de estilo, a través de las páginas de los periódicos.

Autor: Rolando Fernández

www.rfcaminemos.wordpress.com

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