La Opinión

Para Orlando Jorge Mera: In Memoriam / Parte 2

Segunda parte

Por: Marcos Núñez F./ «Opinando»/

Vi durante los primeros años de la década del 2000, como el Dr. Jorge Mera iba ascendiendo en su carrera política y en el favor del pueblo. Luego de una derrota dolorosa de su partido en las elecciones del 2004, se convirtió en Secretario General de su organización política en 2005, en lo que parecía el surgimiento de una especie de nuevo paradigma.

 

Algunos comentaron en la época que su trayectoria parecía la de un aspirante presidencial y era una impresión compartida incluso por mí, que no sabia tanto de esas cosas en ese entonces. Pese a ello, mis simpatías personales no estuvieron de su lado en todo ese proceso.

 

Un par de años después, leí en un artículo periodístico escrito por Danilo Cruz Pichardo en el cual planteaba que Orlando Jorge Mera era el que mejores condiciones tenía para ser candidato presidencial del opositor Partido Revolucionario Dominicano para las elecciones del 2008 y no quien hasta ese momento se perfilaba como el candidato natural de ese partido.

 

Cruz Pichardo, describía a OJM si mal no recuerdo, como un político que se proyectaba ecuánime, moderado como el ex Presidente de la República, Dr. Leonel Fernández, quien era el presidente del país en ese momento y quien contaba con una insólita acumulación de poderes en su persona. También señalaba a Jorge Mera como un político muy joven, decente, honesto, prudente y con fuerte vínculos con poderes fácticos que apoyaban coyunturalmente a Fernández Reyna.

 

En esa misma época, otro de mis articulistas favoritos, Aristófanes Urbáez, llegó a describir su admiración por las condiciones personales y el talento del ex presidente Fernández -a quien trató en su etapa compartida por ambos en la academia- (sic) lo definió como una persona de gran paciencia, inteligencia, calma y templanza a tal punto, decía Urbáez, que LFR daba clases sentado, muy tranquilo desde su escritorio en las aulas prácticamente sin inmutarse, ni pararse a gesticular, ni dramatizar las clases, como usualmente hacen casi todos los profesores en todas las áreas.

 

Pues un buen día, entrando quien escribe a las aulas de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) Recinto Santo Tomás de Aquino a tomar unas clases de la materia de Propiedad Intelectual con la profesora Patricia Villegas, nos encontramos que a quien se le asignó impartir la docencia para ese día -y para el siguiente día de clase con esa materia- fue nada mas y nada menos que al Dr. Orlando Jorge Mera, el esposo de la titular de esa materia (quien estaba ausente por razones personales) y Secretario General del principal partido de oposición.

 

Tanto lo que planteaban Danilo Cruz Pichardo como Aristófanes Urbáez, lo vi materializado frente a mis ojos. Lo que lucía ser una serendipia o alguna casualidad, había cobrado vida mientras transcurrían los segundos y minutos de las clases que recibíamos. Nada preparado, artificial o actuado; se trataba de una especie extraña de surrealismo, de eso que sucede y quizás solo podría ser posible para muchos, como fruto de una enorme imaginación.

 

Jorge Mera desarrollaba su cátedra prácticamente sin inmutarse, con una relativa calma y con un gran dominio de la clase que lo hacía instruir a todos, sin la asistencia de un papelito en mano o un proyector de láminas.

 

Poco después comencé a leer su blog en el internet. Creo que OJM fue el primer dirigente político local en tener ese tipo de espacio digital a través del cual, no sólo reproducía sus trabajos de opinión, sino también de otros destacados articulistas y escritores internacionales, así como anécdotas, imágenes, conmemoraciones, entre otros asuntos.

 

Hace aproximadamente diez años, lo volví a “conocer” a través de la destacada dirigente política Gloria Reyes (aquel no tenía como recordarme, porque interactuamos muy poco en las aulas), amiga personal del hoy fenecido y volví a confirmar mi primera impresión sobre el: un hombre decente, educado, tolerante y prudente.

 

Fue pionero o tuvo iniciativas conciliatorias tal y como muchos atestiguan, para resolver situaciones difíciles que afectaban de un modo u otro al país. Y lo menos que podemos hacer es recordarlo como él era, reconociendo sus condiciones y también sus aportes.

 

Y es que podrían decirse muchas cosas positivas sobre él, pero parecería oportunismo, adulonería y lambisconería hacerlo, de alguien que apenas lo trató, como un servidor.

 

En paz descanse, quien fuera un gran servidor del pueblo dominicano.

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