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Para volver a lo mejor, la esencia de Peña es la solución


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Por: Marcos José Núñez / “Opinando” /

A veinte años de la muerte de José Francisco Peña Gómez, aquel gigante de ébano, el titán del pueblo, el campeón de las masas dominicanas, todavía hoy, una parte importante de ese pueblo que en vida y hasta poco después de su vida, siguió proclamando sus recuerdos, no se reencuentra con la esencia de su obra y lo más granado de su pensamiento.

El Dr. Peña Gómez, como coloso del pensamiento político y social universal, es una personalidad irreproducible e irrepetible, pero la gran mayoría de los que fueron sus dirigentes, seguidores, simpatizantes y colaboradores aunque recuerdan sus hechos históricos, han olvidado sus aportes positivos, su sensibilidad social, su vinculación con los problemas de la sociedad y su capacidad incomprendida de ser desprendido, en momentos en que debe prevalecer el supremo interés del grupo o la nación.

Ha quedado tan atrás el enorme legado del líder, quien con orgullo afirmaba que su piel era “del color de la noche”, que nuevas generaciones de jóvenes que se interesan por la política en el país, así como, aquellos jóvenes apáticos al quehacer político, desconocen la trayectoria de este insigne dominicano que sacrificó su vida, en pos de un ideal supremo: la emancipación social del pueblo dominicano.

Desde 1998, su organización política (El PRD) que parecía salvar el vacío de su ausencia con el surgimiento de un liderazgo colegiado, naufragó trágicamente por las luchas internas sin arbitraje partidario, durante la tormentosa y difícil crisis político-económica del 2004, quedando como barco a la deriva y sin que hasta ahora ninguno de sus discípulos, haya podido dar continuidad de alguna forma, a aquellas ideas peñagomistas sobre la administración del Estado por el pueblo y para el pueblo.

Más que nunca se hace necesario volver a los orígenes y abrevar de lo mejor de la impronta del máximo líder, pero en el contexto de un mundo diferente al que le vió partir. Ahora existen las llamadas “redes sociales” y se habla de “revolución tecnológica” para llegar más lejos pero, no deja de ser importante ir a la base de la sociedad, a los clubes, las asociaciones, las comunidades para escuchar sus problemas, tratar de resolverlos y retomar alianzas con la sociedad civil más elevada, para sacar adelante políticas públicas en favor de las grandes mayorías nacionales y del sector económicamente mas privilegiado.

Después de todo, el Dr. Peña Gómez era un hombre imperfecto y como un mortal de este mundo, cometió errores y notables excesos. Pero debemos aferrarnos a los aspectos más positivos, nobles y efectivos de sus acciones políticas, para alcanzar en el futuro, un ejercicio del poder más duradero en provecho de toda la colectividad.

Nuestro país, nuestra gente, el PRD, el PRM, el PRI, el PRSD, el BIS, no necesitan un José Francisco Peña Gómez redivivo o resucitado, sino el retorno de las ideas, de la mística, de la amplitud de miras y la capacidad de concertar con diferentes sectores, que caracterizó a ese gran visionario, a ese hombre de pensamiento irreductible, ese héroe de las mejores causas de su pueblo, cuya presencia moral, cuya herencia política, debe ser reivindicada por quiénes están obligados a dar continuidad a sus ideas.

Muchos evocan a Peña, claman su nombre y dicen seguir sus ideas, pero su praxis niega completamente lo que el representó para muchos dominicanos y dominicanas.

Peña era la encarnación de la lucha humana por un futuro mejor. Ningún otro líder tuvo que luchar contra tantos obstáculos y -vencerlos- para llegar a la cima que Peña Gómez se elevó. Y ni siquiera las derrotas electorales, lo espoleaban, sólo la muerte podía detenerlo; tanto así que su más grande triunfo irónicamente lo obtuvo al morir, otorgando a su partido, el primero de tres grandes triunfos electorales consecutivos e históricos.

Adelante pues! No hay nada perdido que no se pueda recuperar, si de verdad hay quiénes recuerden con todo el corazón, lo que la mente con el tiempo, olvida.

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