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Realidad o percepción?

FOTO DE JESUS M. GUERRERO

Durante los últimos años, los desaprensivos sociales han tenido la cancha abierta para hacer de las suyas, mientras la ciudadanía se encuentra desprotegida. Es común abrir periódicos de circulación nacional y encontrar notas luctuosas provocadas por actos delincuenciales.

Cada día escuchamos de asaltos, homicidios y otros trágicos sucesos, sin embargo las autoridades pertinentes simplemente han declarado que todo es percepción, porque las estadísticas están “bajando”.

¿De qué percepción hablamos?, porque al poner los noticieros, inmediatamente vemos, sucesos como el asalto a una institución financiera en el Cibao y no olvidemos que hace un tiempo, también ocurrió otro asalto a un banco en la ciudad capital, donde ultimaron a un guardia de seguridad.

Peor aún, una cantidad considerable de estos hechos delictivos llevan la vergonzosa aclaración de que fueron perpetrados por miembros de los cuerpos castrenses.

Nadie se siente seguro en las calles, el sentimiento de inseguridad es colectivo y las autoridades no dan pie con bola ante un puñado de facinerosos que deben ser sometidos al orden. Recientemente vimos una rueda de prensa para anunciar que el ejército saldría a las calles, pero esto es reeditar una medida que no logro nada, tomada alrededor de hace dos años.

Creo que está más que claro que la política de los “intercambios de disparos” no funciona, la única forma de enfrentar la criminalidad es por medio de políticas públicas reales, veamos el ejemplo colombiano.

Tres ciudades colombianas, sobresalientes que merecen ser mencionadas: Cali, Bogotá y Medellín. En 1993, Cali inicio el programa denominado “Desarrollo, Seguridad y Paz” (DESEPAZ), basado en el enfoque de la salud pública. Este programa desarrolló varias acciones dirigidas a mejorar los sistemas de información sobre violencia y criminalidad en la ciudad con el objeto de apoyar la toma de decisiones de política para su prevención y control.

Desde una perspectiva distinta, en 1994 Bogotá inició un novedoso programa que se propuso pasar del tratamiento convencional de la inseguridad, basado en el modelo policía-justicia-prisión, al desarrollo de políticas con un mayor contenido preventivo. La administración distrital formuló un programa que, sin dejar de lado acciones coercitivas, está basado en el fortalecimiento de barreras sociales y culturales que inhiben la violación de normas, la agresión contra la vida y la integridad ciudadana, al mismo tiempo refuerzan la convivencia y la negociación del conflicto en consenso.

Por último, después de iniciar una serie de proyectos de prevención, la administración de Medellín fue apoyada por los programas de paz del Gobierno Nacional, con el objetivo de proveer ayuda a niños y jóvenes de comunidades pobres en conflicto. La Alcaldía enfatizó en educación, recreación y resocialización de los jóvenes, desarrollo y participación comunitaria, influencia de los medios de comunicación para la prevención de la violencia y mejoramiento de las relaciones policía-comunidad.

Es prudente reconocer que en materia de seguridad ciudadana hemos colapsado, no cabe duda que los altos niveles de “percepción”, deben ser la principal prioridad en este momento.

Una de las medidas, debe ser reorganizar el tránsito de motores, todos sabemos que son el principal medio de transporte utilizado por los desvergonzados que provocan tragedias por sustraer las pertenencias de sus víctimas.

Se debe enfrentar la reincidencia criminal, no es posible que cada vez que matan a un ciudadano que aporta a la nación, tengamos que enterarnos que su verdugo ha entrado y salido de las cárceles como si fueran de su propiedad.

La actitud de mano dura no funciona, es el remedio aplicado durante décadas contra la delincuencia y esta sigue volviendo con más fuerza, no podemos atacar solamente el hecho delictivo, también debemos enfrentar las causas como son la desigualdad, la marginación y demás.

De acuerdo con algunos estudios, las ciudades que concentran una mayor proporción de criminalidad y violencia es producto de factores como son pobreza, migración, segregación espacial, caos y desorganización, sobrepoblación, entre otros.

Es necesario reformar la Policía Nacional, no pueden seguir enrolando miembros que inmediatamente tienen el arma asignada, estos inician con una carrera paralela delinquiendo y todos aceptamos la justificación de los bajos salarios, porque es una realidad.

Aunque el impacto de la violencia tiende a ser medido en términos de homicidios, es claro que la criminalidad como un todo constituye uno de los mayores obstáculos al desarrollo económico y social.

Son muchos factores que han incidido en el trastorno de nuestra seguridad ciudadana, sin una acción correctiva que enfrente todos los puntos del problema, seguiremos acumulando noticias trágicas de cómo las familia dominicanas pierden sus seres queridos y el país ciudadanos productivos.

Por Jesús M. Guerrero / @JMGJ23

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