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Recordando a Peña… Un legado inconcluso

Por: Juan A. Liranzo.

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El Dr. José Francisco Peña Gómez murió a destiempo; matizado por el infortunio que comparte toda la Republica Dominicana y acompañado al sepelio por miles de personas que lo admiraban, se marchó dejando en la nación un gran vacío difícil de llenar. Su vida apareció en medio de un drama dantesco, como condenado a vivir así: luchando por sobrevivir primero y luchando luego por hacer que otros sobrevivan.

Sin embargo, hay quien aparezca diciendo, antojadizamente, que su nombre no está llamado a permanecer vivo en la historia, que su legado se nos presenta difuso, y que su memoria histórica no ha de durar más allá que lo que durará la vida de aquellos que compartieron con él. Esa teoría, alimentada por la tremenda descomposición en que han caído incluso algunos de aquellos que lo pregonan como adalid de la democracia, se sustenta en bases inciertas y de frágil envergadura, que si bien es cierto pulula en lo más profundo del pensamiento de aquellos que jamás lo asimilaron, su andar no llegará muy lejos.

Peña Gómez no fue solo un político, no fue solo un líder, no solo fue un revolucionario; el Dr. José Francisco Peña Gómez fue también un dominicano preocupado por los más elementales problemas que aquejaron, y siguen aquejando a los dominicanos, e inquieto en la brega de alcanzar un Estado de Derecho real, donde primara la eficiencia en la administración de toda la cosa pública. El Dr. Peña Gómez, sin haber llegado nunca a la rectoría de la nación, logró influir lo suficiente como para alcanzar la inclusión en nuestro sistema constitucional de la Doble Nacionalidad, la Creación del Consejo Nacional de la Magistratura, la Carrera Judicial, y la puesta en circulación en todo el país de una idea política, que si bien es cierto no ha sido comprendida a plenitud en nuestro país, pudiera todavía en nuestros días representar la solución a muchos de nuestros males nacionales: El Socialismo Democrático.

El perínclito creía, como así queda demostrado en algunos de sus discursos, en la participación completa del pueblo a fin de crear una nueva Constitución, que abarcara no solamente conceptos de alcance para lograr la tan mencionada democracia participativa, sino también la creación de un nuevo modelo económico-político que trajera mayor bienestar a los dominicanos y un nuevo rostro a nuestro sistema constitucional. Era pues, una mente futurista, avanzadísima, e incomprendida por algunos sectores. Todo lo dicho, así como otras tantas cosas que debido a la naturaleza de este escrito no me permito mencionar, constituye la gran utopía peñagomista, y es nada más su legado el que se nos presenta ahora más o menos como él lo ideó, pero no con la firma de quién lo pensó. Por tales motivos, quien esto escribe, coincide con el argumento de que el legado del Dr. José Francisco Peña Gómez esta inconcluso, y que es responsabilidad de las nuevas generaciones continuar su obra, pero el autor de estas líneas también entiende que mientras se hable de igualdad, de democracia, de derechos, y de Justicia Social, se estará hablando de José Francisco Peña Gómez.

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