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Una revolución cultural del capitalismo impulsada por Donald Trump?

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Por: Marcos José Núñez / “Opinando” /

En una serie de dos artículos titulados “La Guerra de las Américas”, en la parte infine de la segunda entrega y ultima entrega, abordamos el surgimiento de un nuevo fenómeno a raíz de la luchas por la hegemonía imperial principalmente entre Estados Unidos de América, La República Popular China, El Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, la Unión Europea, República Islámica del Irán, La República Socialista de Siria, El Estado de Israel, La República de Turquía, El Reino de Arabia Saudita liderando su Liga Árabe y la Federación Rusa. El fenómeno aludido en dicho articulo, es lo que denominamos como “una nueva revolución cultural de corte nacionalista”.

Decíamos que nos parecía extraño que alguien que carecía de formación política académica o literaria o autodidáctica, esté encabezando importantes transformaciones en el área social, política, económica, comercial, judicial, geopolítica y artística, un hombre de negocios como es el presidente Donald Trump en Estados Unidos y no un doctrinario e ideólogo tradicional, como suele ser y como lo fue, por ejemplo, el líder del pueblo chino, Mao Tse Tung (Mao Zedong) a mediados del siglo XX.

Advertíamos además, la emergencia de un “movimiento revolucionario mundial de un nuevo tipo de derecha”, lo que algunos analistas llaman de manera inexacta “neofascismo” y otros llaman “populismo de derechas”, el cual sería un factor determinante en los resultados de las elecciones de medio término del martes 6 de noviembre de 2018 en los Estados Unidos, como en efecto ocurrió con la ampliación y consolidación del control republicano del Senado por parte del presidente Trump.

A que llamamos Revolución Cultural? Cuál es la base histórica o referencia moderna de dicho fenómeno?

La Revolución Cultural Proletaria o comunista fue un fenómeno socio-político de movilización popular en la República Popular China, impulsado por Mao Zedong, su ideólogo e inspirador con ayuda de la llamada “Banda de los Cuatro”.

Durante casi 10 años, desde 1966 hasta 1969 en una primera etapa y desde ahí, hasta finales de 1976 con la desaparición física del “gran timonel partidario”, la revolución cultural izquierdista produjo una purga contra altos funcionarios del gobierno chino, destacados intelectuales al servicio del gobierno y directivos del Partido Comunista de China, considerados como “contrarios de derecha, corruptos y traidores a los postulados más puros de la revolución comunista”, quienes fueron acusados por las huestes de Mao Zedong de “abandonar los principios que le dieron origen a la República Popular China”, y acercarse demasiado al llamado “falso comunismo soviético”, denunciado por Mao Zedong como una forma dañina de capitalismo de Estado, el cual estaba alejando al Partido Comunista Chino de las masas populares, elemento que se entendía como muy peligroso, para los fines de sostener en el tiempo, la revolución comunista con matices chinos.

Mao Zedong había llegado al poder de manera interina desde 1949 a 1953, una vez ganada al bando nacionalista de Chiang Kai-Shek, la muy larga guerra civil china, en tanto se mantenía la división politica del país entre el gobierno nacionalista de la isla de Formosa (Hoy República insular de China-Taiwan) con el Gral. Chiang Kai-Shek a la cabeza y el gobierno central-comunista de China Popular (China Continental), pero a partir de 1954, Mao Zedong con 63 años de edad, asume de manera definitiva como presidente del gobierno comunista chino continental, con miras a iniciar el proceso de reunificación de los dos países, proceso que se ha alargado sin éxito durante mas de 70 años.

La revolución cultural comunista-proletaria y maoísta, buscaba recuperar la ortodoxia comunista china (después del fracaso de las políticas del “Gran Salto Adelante” en el último período como presidente de Mao Zedong en 1959) frente a la excesiva apertura a occidente y al naciente capitalismo-burocrático de las nuevas élites gobernantes de ese momento (los lideres Liu Shaoqi y Deng Xiaoping), quiénes no formaron parte integral de las fuerzas armadas comunistas victoriosas en la guerra civil que condujo al surgimiento de la república. La revolución cultural comunista china buscaba reivindicar a los campesinos, artesanos, militares y a un sector muy amplio de los estudiantes, con tal de preservar los valores que dieron origen a la lucha del pueblo chino por su desarrollo y liberación de la nobleza dinástica e imperial china y de las invasiones e intervención de los demás imperios mundiales, durante el primer tercio del siglo XX.

Pero cuáles son los orígenes de esta especie de “Revolución Cultural Capitalista con matices Nacionalista en Estados Unidos de América”?

Desde principios de los años noventa del siglo XX, los Estados Unidos de América, al quedar prácticamente solos en el escenario geopolítico global, luego del desplazamiento y desintegración de su rival histórico, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.) el 25 de diciembre de 1991, comenzó a dispersarse en pequeños conflictos locales a escala global, guerrillas urbanas, intervenciones puntuales en países con guerras civiles, guerras relámpago contra poderes considerado tiránicos allende los mares, persecución del narcotráfico organizado, entre otras formas de lucha que alejaron las operaciones militares de los Estados Unidos, de aquello que debía ser su verdadero nuevo objetivo: garantizar frente al nuevo escenario global posterior a 1991, su sistema de seguridad nacional y mejorar sus capacidades de defensa estratégica ante potenciales nuevos adversarios.

Intentaron polarizar con un aparente nuevo enemigo que ascendía en el horizonte, experimentando sin éxito la llamada “lucha contra el terrorismo” que si bien amplió el campo de acción de las agencias de seguridad nacional norteamericanas y las fuerzas armadas, muy lejos de las fronteras de ese país y hasta regiones donde nunca antes habían penetrado, llevando por ejemplo, su extraña doctrina de guerra preventiva hasta el medio oriente -lugar del cual parecía surgir este nuevo adversario, el terrorismo- en realidad lo que devino de todo eso fue una lucha o conflicto estéril entre civilizaciones de dos hemisferios diferentes y la resultante guerra desastrosa tanto en Afganistán e Irak a raíz de los acontecimientos del derribo de las torres gemelas del Centro Mundial del Comercio en Nueva York, el 11 de septiembre del 2001. Esos conflictos bélicos hicieron mucho daño hizo a la imagen exterior internacional de los Estados Unidos de América hasta el día de hoy.

Coincidencialmente, ese mismo día, el 11 de septiembre pero de 1683, el imperio de los turcos otomanos -un pueblo centroasiático mezclado con árabes y de religión musulmana- sitió a la ciudad de Viena, ciudad estratégica para los reinos de occidente y tomar por asalto Europa y derribar el poder de los grandes imperios del mundo de la época como Prusia (Alemania), Hungría, Rusia, Francia y España, entre otros.

Causas de una Revolución Cultural de tipo Capitalista-Nacionalista en Estados Unidos de América.

Con los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, marcando un antes y un después en la historia de Norteamérica y del resto del hemisferio occidental, se agregó una nueva preocupación en la lista de prioridades de la población estadounidense: la inseguridad ciudadana, motivada por el crimen y por supuesto, originada primordialmente por el terrorismo.

Hasta ese momento, Estados Unidos era un país abierto para el mundo, una tierra de oportunidades para que muchos inmigrantes de todas las partes del mundo pudiesen realizar el llamado “sueño americano”, el cual ha consistido en lograr prosperidad, éxito y movilidad social en democracia, en libertad con oportunidades para todos sin distinción. Programas de políticas públicas sociales y asistenciales como el “Nuevo Trato” del Presidente Franklin Delano Rosevelt y la “Gran Sociedad” del presidente Lyndon Baines Johnson, habían apuntalado con algunas modificaciones progresivas, ese ideal originario que ha estado vigente, hasta principios de lo que va de este siglo XXI.

Sin embargo, en la misma medida en la que el Estado norteamericano ha ido expandiéndose con la aplicación de más y más impuestos, aumento desmedido del gasto militar en guerras internacionales, crecimiento del déficit presupuestario y la salida de fábricas, factorías e industrias del territorio estadounidense en busca de bajos costes de producción y pagar menos cargas tributarias, en ese mismo sentido, la calidad de vida del ciudadano promedio ha ido empeorando, disparando por las nubes el índice de desempleo en especial en el Norte, Medioeste, Sureste, parte del Este y el Suroeste de la Unión Americana durante la primera década del siglo XXI.

La progresiva reducción de la clase media está creando una enorme polarización entre ricos y pobres a tal punto, que podría crear una brecha peligrosa para una guerra social en Estados Unidos e incluso a escala global en el futuro. El crecimiento de la economía norteamericana se ha sostenido sobre la base de un aumento constante de la deuda pública desde 1981 y una expansión de los sucesivos déficits fiscales hasta 2016, exceptuando el buen manejo fiscal del último cuatrienio 1996-2000 del presidente Bill Clinton, generando superávit fiscal por primera vez en más 40 años.

Sin embargo, con la llegada al poder de Barack Obama en 2008, no ha sido muy diferente la historia. Si bien en medio de la peor crisis económica desde la gran depresión de 1929, Obama tomó medidas valientes y necesarias para rescatar el sistema financiero, el déficit fiscal no se ha reducido notablemente y sigue siendo el dolor de cabeza para el gobierno del actual presidente norteamericano, Donald John Trump.

Paralelo a todo eso, la clase media norteamericana ha venido reduciéndose a pasos acelerados desde finales del siglo XX. Alan Greenspan, ex-presidente de la Reserva Federal dijo en su momento que con la reducción de la clase media norteamericana, la brecha entre los ingresos de los ricos y el resto de la población norteamericana es tan grande, que podría poner en riesgo la estabilidad del capitalismo democrático a nivel local e internacional.

A lo anterior hay que sumarle, el fenómeno de la desindustrialización, como efecto de la política de apertura total de las economías occidentales entre si y encabezadas por E.E.U.U. también hacia China Popular y su mano de obra barata, ademas con los tratados de libre comercio concertados entre numerosas naciones del mundo, todo eso ha ido debilitando, la que fue la economía más poderosa del planeta hasta 2009. Como resultado de todo eso, el dólar, la principal moneda de comercio e intercambio mundial para el 63% de los países del globo, ha sufrido un notable debilitamiento en su cotización.

A todo eso, hay que agregarle la gran cantidad de inmigrantes (especialmente latinos) que desde la década de los años noventa del siglo XX, ha irrumpido masivamente en territorio estadounidense, motivados en la búsqueda de mejores condiciones de vida para ellos y sus familias, dada la imposibilidad de lograrlo en sus países de origen, como consecuencia de la crisis económica de la llamada década perdida (1982-1991) y la creciente corrupción político-estatal, responsable en parte del deterioro en la calidad de vida de los habitantes de muchos países de Latino-américa.

También ha penetrado en los Estados Unidos, las que son consideradas -por una mayoría de blancos norteamericanos- como “extrañas influencias y costumbres” en capas de la población de extracción urbana, principalmente en las zonas costeras sobrepobladas del Este y Oeste del país como son las expresiones culturales de música latina, en medios de comunicación, el comercio detallista, la política local-estatal y las llamadas maras o bandas del crimen organizado provenientes de Centroamérica.

Lo anteriormente citado, se describe como una especie de excesiva apertura, un “liberalismo social” de extracción foránea, que auspicia y apoya la inmigración masiva desde latino-américa hacia Estados Unidos, la igualdad entre los géneros, el matrimonio igualitario, entre personas del mismo sexo, entre otras “novedades” que han sido adoptadas paulatinamente como parte de su plataforma ideológica por el Partido Demócrata de E.E.U.U. desde 1972 y ha sido parcialmente rechazada por importantes sectores de sus rivales del Partido Republicano que consideran muchos de los postulados de esta tendencia como “socialismo” y por ende contrario a los principios del capitalismo democrático, la libertad individual, la cultura tradicional y la filosofía religiosa que dió origen a los Estados Unidos de América.

Todo esto ha sido, como se puede ver, parte de los factores decisivos sobre todo en los acontecimientos de los últimos 27 años en los Estados Unidos y en un aumento desmedido del gasto público en el llamado “estado de bienestar”, al cual se acogen muchas de las minorías sociales compuestas de inmigrantes, como medio para solventar algunas carencias que sus malos empleos o el mismo desempleo, les ocasionan.

En consecuencia, en el escenario mundial que discurrió hasta el año 2016, Estados Unidos de América fue perdiendo terreno e influencia y debilitándose progresivamente frente al ascenso de China Popular principalmente y en menor medida, frente a Rusia y la Unión Europea. Desde entonces se percibe un enorme esfuerzo desde el gobierno del Estado norteamericano que busca detener y revertir de algún modo el status quo existente, alejándose de la cercanía con China Popular y su interés de fortalecerse para desplazar a los propios Estados Unidos de América del liderato del sistema capitalista y de la hegemonía geopolítica mundial. Esto explica las llamadas “guerras comerciales” que se han librado a lo largo del año 2018 y que posiblemente continúe en los años porvenir.

En que consiste esta sorprendente Revolución Cultural a lo interno del país líder del capitalismo?

Con el ascenso al poder en E.E.U.U. del presidente Donald Trump el 20 de enero de 2017, el exitoso empresario de desarrollos inmobiliarios, de poca formación académico-política, pero de pensamiento político independiente electo en la plataforma del Partido Republicano, inició una gestión de gobierno muy controversial, como ya revelaba su retórica en la campaña electoral de 2016.

Los principales puntos de la nueva agenda de Estado para impulsar los cambios del capitalismo a través de esta especie de revolución cultural capitalista y nacionalista desde los Estados Unidos de América y para el resto del mundo, son de manera descriptiva, los siguientes:

  • Recomponer el debilitado sistema capitalista y la importancia del dólar, reincorporando el incentivo al ahorro, la reducción de gastos superfluos y la inversión en instrumentos financieros, en el sector inmobiliario y en la bolsa de valores, para restaurar el poder adquisitivo principalmente de la clase media, difundiendo masivamente las mejores prácticas de la cultura corporativa.
  • Reducir de forma gradual, la incidencia distorsionante y participación abusiva del Estado en la economía nacional de la mayoría de los países, permitiendo al sector privado y a los ciudadanos depender menos de la ayuda o de los subsidios del Estado, para una mayor expansión de las actividades empresariales.
  • Promover de la manera más amplia posible el emprendedurismo o capacidad de impulsar iniciativas empresariales individuales para crear mas innovación, prosperidad y muchos empleos, sobretodo de calidad.
  • Implementar la democratización del capitalismo a nivel internacional con mejores prácticas corporativas e impulsar una mejor educación financiera, para asegurar la supervivencia social de la cada vez más reducida clase media global, pero también aumentando la acumulación originaria de las grandes empresas transnacionales depositarias del gran capital.
  • Impulsar una agenda global de transparencia-rendición de cuentas, lucha contra la corrupción administrativa y reducción de la impunidad, principalmente en los países del tercer mundo. Se atribuye los crecientes niveles de pobreza, marginación y emigración masiva de personas, desde los países más pobres hasta los países del primer mundo, debido fundamentalmente a la corrupción, impunidad e inseguridad.
  • Incentivar la reindustrialización con mejores garantías del Estado, la renegociación de acuerdos comerciales lesivos al interés nacional de los países y mayor protección a los sectores productivos agroindustriales en zonas rurales. Se trata de una nueva filosofía de libre comercio con reglas claras, justas, seguras y con ganancias para todas las partes involucradas, muy diferente a como se ejecuta en la actualidad.
  • Ordenar, reducir y detener, la migración descontrolada, masiva y desesperada de millones de personas entre Asia y Europa, África y Europa, y principalmente entre, Latinoamérica y Norteamérica, por la gran carga social, económica y política que ello conlleva para países fundamentalmente del primer mundo con importantes déficits fiscales y dificultades macroeconómicas.
  • Cambiar el modelo de globalización actualmente existente por ser políticamente dañino, atentatorio de la soberanía nacional de cada Estado y peligroso incluso para la paz mundial y la supervivencia de la raza humana. El nuevo orden mundial globalizador, encarnado en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), ha permitido una gran concentración de poder a un reducido grupos de Estados (algunos de ellos Estados terroristas o canallas) representados por personas que no han sido legítimamente electas en sus respectivos países y que para los fines de banca y pool, no tienen en muchos casos, porqué formar parte de las decisiones que solamente toma un “Consejo de Seguridad”, quienes defienden un multilateralismo en teoría, cuando en realidad sólo unos pocos son los que deciden por todos los demás.
  • Recuperar la fuerza diplomática e influencia geopolítica de los Estados Unidos de América principalmente en América Latina y también en el mundo, limitando su participación en guerras ajenas, lejos de sus fronteras imperiales y sin ningún beneficio o implicación necesaria para resguardar sus intereses. Se trata de una nueva doctrina de defensa estratégica frente a potencias revisionistas emergentes que retan el poder y la hegemonía de los Estados Unidos de América incluso en su propia región de influencia.
  • Neutralizar o reducir la incidencia nacional e internacional de la agenda globalista sobre ideología de género, matrimonio igualitario y la liberalización absoluta en la práctica del aborto. La creencia de quienes están luchando por detener dicha agenda, es que un avance progresivo de ésta, reduciría y debilitaría sin dudas la población, en detrimento en primer lugar, de los países más desarrollados de occidente, quienes estarían en desventaja numérica para competir contra los mil seiscientos millones de habitantes de la China Popular y los mil millones de habitantes de la India, en términos de los intercambios comerciales e industriales o incluso, en un posible escenario bélico futuro.
  • Rescatar valores de origen religioso positivos -actualmente en desuso-, además de disminuir el pesimismo y la desafección sobre las costumbres nacionales, la reducción del lenguaje inadecuado, explícito en los medios de comunicación tradicionales, las nuevas tecnologías de la información y las redes sociales. También se busca la restauración de lo más positivo de los valores de la cultura popular en cada país, sin renunciar a otras influencias culturales foráneas pero igualmente compatibles con aquellas y preferiblemente positivas. Se busca promover la defensa de los ideales norteamericanos en la producción artística, cinematográfica y comunicacional. La fusión del emporio global de entretenimiento “Disney” y la corporación de multimedios de orientación conservadora “Fox News” es un indicio claro que apunta en esa dirección.
  • Competir por la hegemonia tecnológica-industrial y de desarrollo de programas, herramientas y robots con inteligencia artificial para múltiples usos, con el gran gigante asiático, la República Popular China.
  • Expandir la fuerza militar de la superpotencia norteamericana e iniciar la colonización del espacio exterior inmediato y profundo. Ello implica la creación de un ejército espacial, la modernización de las viejas estructuras militares y la implementación de nuevas tecnologías armamentísticas y de transporte sideral.
  • Hacer surgir por reacción nuevas corrientes de pensamiento, orientadas hacia un nuevo tipo de nacionalismo internacionalista sea de derecha, de centro o de izquierda, basado en los cambios que está experimentando el capitalismo y por ende, no se opone a la globalización, la cooperación regional, ni tampoco a la solidaridad internacional, sino que entiende que los países de manera individual están primero que los intereses foráneos de la comunidad internacional at large. Se propugna por la unidad global de las naciones, pero respetando la pluralidad y las diferencias entre los diferentes Estados aun dentro de los llamados bloques regionales.

Como podemos ver, los puntos de la agenda impulsada por el presidente norteamericano Donald Trump, sin dudas, podrían hacer surgir un nuevo orden social a nivel global de la mano de esta especie de revolución cultural del capitalismo norteamericano para mantener la hegemonía hemisférica, frenando los peligrosos avances de la República Popular China con su capitalismo de Estado y demás potencias aliadas.

Antes, la República Popular y Comunista de China, con la revolución cultural que desde Pekin encabezó el presidente Mao Zedong, se alejó del capitalismo de Estado disfrazado de comunismo de Moscú y la U.R.S.S. para fortalecerse, siguiendo un camino propio pero con cercanía a los E.E.U.U. del presidente Richard Nixon; ahora Estados Unidos de América con la revolución cultural que desde Washington encabeza el presidente Donald Trump, se aleja del capitalismo de Estado que con ribetes de dictadura comunista en la República Popular China, encabeza desde Pekin, el presidente Xi Jinping. El objetivo de la administración Trump consiste en fortalecerse manteniendo la hegemonía dentro del sistema capitalista y para ello teje alianzas y lucen por momentos cercano a la posición del presidente Vladimir Putin y la actual Federación Rusa, por ejemplo. Oh paradojas y que ironías de la geopolitica!

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