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VÍDEO: Vincho dice lucha por la hegemonía geopolítica, están hundiendo al Gobierno de Danilo y al Estado dominicano

Marejadas en el Caribe, terremoto en Brasil.

Por: Vincho Castillo /

El peor estado de ánimo que puede embargarnos es sentir que la sociedad, no sólo parezca indiferente, sino que se le anime y abronque aún cuando sólo se reclame el derecho a cumplir deberes premonitorios de parte de aquel ciudadano que se atreva a señalar carencias, errores, peligros, traiciones y daños multiformes contra el Ser nacional.

He estado expuesto en estos días a padecer ese estado de ánimo en ocasión del inquietante análisis que me impuse acerca de los hechos y circunstancias nacionales más sensitivos que han venido erosionando a la República.

Un amigo, de veras, me llamó la atención al decirme que no debo incurrir en el error de advertir al medio social, al tiempo que expreso desaliento, pues a su entender puede que ésto resulte una manera de invitar a que se les tema o se desprecien mis vaticinios. Comprendí su menguada percepción de la realidad de mis advertencias, las cuales asumo como un deber y un derecho, a la vez; que lo que puede parecer fatiga, hastío o derrota en ellas es posiblemente el estímulo mayor que pretendo alcanzar para la alarma de los demás, que son nada menos que mis compatriotas.

Pienso que cuanto más refleje impotencia mayores serán las posibilidades de movilizar la determinación de obrar, de actuar, en los hijos de esta tierra, la que propuse en mi último artículo como una especie de eje de mi epitafio previsible, siempre que los demás así lo aprobaren y dije: Hijo de esta tierra que tanto amó y defendió.  Parece que ésta fue la parte que al amigo que me reprendió le produjo extrañeza.

Se trata de algo que luce como un anhelo in extremis de mi larga vida de luchas.  Sin embargo, no cabe la mención de pesimismo ante esa exclamación que he creído merecer como un derecho después de haber cumplido deberes comprometedores y arriesgados de advertir a otros muchos hijos de esta tierra, que tanto los necesita para que acudan al servicio de su soberanía, su territorio y su independencia.

Pero bien, debo detener mis reflexiones de hoy, que son mero umbral, para dar paso a lo prometido en mi última entrega, es decir, la cuestión del suelo jurídico pétreo de las consideraciones de Derecho que sustentan la Querella mediante la cual se ha puesto bajo severa acusación al jefe de Estado nuestro, de tal modo, que sus cargos temibles, a primera vista, sirven no sólo para descalabrar su sitial en la historia, sino para aumentar el estado de indefensión de la patria de todos, ahora cuando se busca convertirla en un puerto libre, percance del mundo, adicional al ya existente, cuya salvación se imaginan alcanzable mediante el sacrificio nuestro.

La lúgubre lógica de la Geopolítica actual que ha estado tan carente de aciertos en el atormentado mundo de hoy con sus mares y desiertos repletos de niños muertos se mueve para hundir a este pequeño estado del Este de la Isla de Santo Domingo en una promiscuidad espantosa con un Narcoestado de antigua data y el pueblo más pobre y desventurado del mundo.

En efecto, cuando se observa el riguroso andamiaje de disposiciones penales y constitucionales que soportan y  albergan los cargos criminales que se imputan al Jefe del Estado nuestro y a su partido gobernante, no se puede entender nada menos que ha sido hondamente meditado ese apercibimiento penal, que contiene objetivos inconfesables que van más allá de la ya cotidiana preocupación que abate al mundo sobre la corrupción.

El diseño acusatorio ha sido filoso, certero y difícil de objetar, según parece, precisamente porque los móviles que lo han impulsado son de naturaleza y magnitudes destinadas a producir efectos tremendos capaces de convertir a esa Queja Penal en el centro vital de toda una galaxia de ilícitos que como conflicto corruptor se vino acumulando en nuestro país durante tres lustros.

Criminológicamente se tiene por sabido que cuando los crímenes de ejecución continua se hacen prolongados en el tiempo y pasan de un escenario a otro, pero siguen conservando sus esencias delictivas, se va estableciendo una especie de seguridad y de impunidad y esto retroalimenta la capacidad del autor esencial, en este caso Odebrecht, para llegar hasta el convencimiento de que todo será oculto y nada será alcanzable por la ley penal y hasta por el propio reproche social.

En la especie, si no se hubiese producido el terremoto de Brasil entre nosotros la presencia y participación de aquella colosal empresa hubiese podido alcanzar la virtual condición de Estado paralelo.

Ello podrá explicar por qué en los años 13, 14, 15 y 16 se produjeron las más importantes entregas de valores dado que existían necesidades, mayores que las típicas de una campaña electoral, como lo fueran las modificaciones que habilitaran  la reelección presidencial.  Se podría en este caso llevar la convicción de que se estuvo en presencia de una reelección de la macroempresa, dado que nuestro territorio había sido objeto de su preferencia para desarrollar actividades del orden de 780 millones de dólares a ser invertidos en los procesos políticos de la región en base a la seguridad genérica que le ofrecía a su mecanismo de operaciones estructuradas nuestro país.

¿Cuáles son los textos penales y constitucionales que sostienen la acusación?

a) En el orden Constitucional, los artículos 22 (Derechos de Ciudadanía) Acápite 5 (Denunciar las faltas cometidas por los funcionarios públicos en el desempeño de su cargo).

Art. 246 (Control y Fiscalización de Fondos Públicos.)

De esos textos se suscitaron las afirmaciones contenidas en los ordinales siguientes:  Pag.21, ordinal 40 y 41.

b)  El Derecho.  Proceso de Acusación.

Disposiciones de la Constitución de la República Dominicana.

Artículo 2 (Soberanía Popular).

Artículo 3 (Inviolabilidad de la soberanía y principio de no intervención).

Artículo 22. (Derechos de ciudadanía).

c) Ley Electoral. Artículo  55.

Ordinal 44 Pag. 25

Pag. 27, ordinal 46

Ordinal 47 – Página 28 (Ley Lavado de Activos)

Ordinal 48  – Página 29

Ordinales 50, 51, 52 y 52 – Página 30

Al final, en las conclusiones de algo que va más allá de la Denuncia y que habría que asimilarlo como un híbrido de Denuncia-Querella, figuran las Conclusiones siguientes:

La propia anexión a España del Siglo IXX tuvo como explicación que aquel que fuera héroe de los doce años en las guerras subsiguientes de la Independencia había perdido la fe en su capacidad de defensa frente al recurrente propósito de sojuzgarnos de nuevo.  Según se entendió siempre su error mayor fue, además, recibir el Marquesado de Las Carreras, porque esto lo complicó hacia la traición plena, sin excusa, dada la vanagloria del título nobiliario que no dejaba de ser un escarnio.

Desde luego, los medios modernos de hoy para impulsar la seducción hacia el error no son tan grotescos, sino más bien sutiles y simples, como lo sería un Premio Nobel de la Paz, por ejemplo; sobre todo cuando detrás de esa idea puede estar un falso mago que ganó fama como hacedor de presidentes y que lució en su momento como imbatible en las competencias electorales latinoamericanas.

Buscando explicar todo ésto de la forma más sencilla, aunque resulte mortificante y hasta ruda, procuran en realidad colocar al Presidente de la República en una condición precaria al momento de tomar decisiones heroicas y la Geopolítica que ha estado detrás de la trama, está confiada en que así  puede organizar la destrucción nacional, valga la paradoja.

La organización de la destrucción nacional, repito, para lo que ha contado con una colaboración interna muy siniestra, parecida en sus maquinaciones a la que fuera denunciada por el padre fundador de la República y que para contenerlas se hizo preciso librar guerras desiguales.

Todo ha sido tan traumático porque se ha sabido verter la perfidia del mundo de muchas maneras y se trabajó vilmente hasta enajenar a los egos exacerbados de las ambiciones políticas de grupos, bajo promesas de permanencia indefinida en el poder, que es lo que ha estado en la base trágica de todo este desastre.

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