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¡Volvamos a ser el país de años atrás!

A pesar de que mucha gente aquí trata de justificar y defender a rajatabla el decir aquel, “que nada de lo de ayer fue mejor, que siempre el presente lo supera”, cuántos dominicanos estarán hoy deseando un retorno al clima de paz y seguridad ciudadana que otrora se disfrutaba en esta nación.FOTO DE ROLANDO FERNANDEZ

Pero, además, a la complacencia por el grado de soberanía, e independencia marcada, con que se manejaba el país antes. Por igual, al respeto de nuestros símbolos patrios: Bandera, Himno Nacional, música autóctona, moneda propia, etc. Las insinuaciones externas de deshonras hacia esos eran inaceptables. Las autoridades locales siempre estaban en “guardia”.

Muy pocos extranjeros osaban entrometerse en nuestros asuntos internos. Claro, no se tenían los “grilletes”, como las condicionantes que imponen los empréstitos con el exterior, incluyendo los de naturaleza hipotecaria que hoy nos afectan, a los que se recurre actualmente de forma alegre, sin medir consecuencias mediatas y futuras.

Eran épocas aquellas en que el sosiego y la convivencia pacífica, se tornaban extensibles hacia todos nuestros campos y ciudades, sin importar las localidades barriales de que se tratara, ricos, acomodados y pobres. ¡Se reportaban esas condiciones como algo generalizado!

A la sazón, se podía transitar por cada una de nuestras vías públicas, sin importar horas del día, noche o madrugada, libre de peligros, en términos de ser robado o asaltado por antisociales. Tampoco le era segada la vida a ningún ciudadano, por simples nimiedades momentáneas; discusiones tontas, sencillos problemas de tránsito, etc.

Cuándo hablar en aquellos tiempos de drogas, de delincuencia, como del diario comer ahora, asaltos a mano armada, crímenes por encargo (sicariato), etc. Esas cosas parecían fantasiosas, peliculeras. Jamás se pensó que podrían llegar a verificarse de manera tan concreta entre los dominicanos, creándose el entorno de incertidumbre e inseguridad en que hoy vive la sociedad nacional.

A muy pocos, o quizás a nadie, les pasó por la mente lustros atrás, que la gente aquí iba a tener que enrejar sus casas y negocios para evitar ser robada y hasta matada, después de algo lograr adquirir en base a trabajos ejercidos con honradez, y de forma tesonera, por el que se inclinara; que esos sacrificios provocarían luego su muerte. ¡Qué se tendría que vivir como los presos, por prevención!

Pero, además, que se fuera de paso el convivir hermanado barrial que caracterizaba a los dominicanos. Ya los vecinos no son los familiares más cercanos como antes se concebía, y en función de esa creencia se dispensaban los tratos entre las personas más cercanas.

Ahora, cada cual actúa de manera muy independiente; vive al acecho de lo que pueda ocurrir en sus alrededores; duerme como la guinea tuerta, con un ojo abierto y el otro cerrado; no se confía en nadie. Y mucho menos con los hijos pequeños; se los roban para hacer negocios de todo tipo.

Tampoco, nunca se concibió un descalabro tal de la sagrada familia humana local, institución que constituye en todas partes la célula primaria de las sociedades. En que las deshonras hacia la misma fueran tan marcadas, con un grado de evidencia alarmante, y en pleno aumento continuo.

Esos núcleos tan importantes, las llamadas tribus sanguíneas por excelencia, desde donde se tendría que comenzar a inducir para enmendar comportamientos individuales sociales a posteriori, ha perdido en estos tiempos su esencia primigenia. La prescripción    viejísima aquella de la necesidad de padres para hijos, y viceversas, ya no existe, como tampoco la formación hogareña obligada de los vástagos.

La recuperación o regeneración relativa en ese orden, que luce perentoria ya, ¡es bien difícil! Pero, los intentos se pueden hacer, en pos de procurar volver, aun sea de forma parcial, a lo que éramos ayer como país. Readquirir nuestras costumbres, valores morales, e idiosincrasia neta, y la paz social, sobre todo, que siempre nos caracterizó como nación.

¡Seguro, que el país de ayer era mejor!

Autor: Rolando Fernández

www.rfcaminemos.worrdpress.com

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